
Fue uno de tantos veranos en la Ciudad de México.
Habíamos pasado el día recorriendo algunos de sus rincones maravillosos y regresábamos al hotel. Mi entonces marido conducía con el gesto endurecido, tenso por ese caos fascinante que solo esa ciudad sabe convertir en rutina.
Antes habíamos hecho una pausa para cenar. La noche era distinta a las del norte: el cielo seguía cubierto, el pavimento conservaba el brillo de la lluvia y un aire fresco se colaba por la ventanilla. Incapaz de resistirme, la bajé un poco. En el norte eso habría sido impensable, el clima es sofocante.
Nos detuvimos en un semáforo. A nuestro alrededor, una marea interminable de automóviles parecía haber detenido el tiempo.
Entonces apareció él.
Un hombre en bicicleta cruzó la mirada conmigo, sonrió con la seguridad de quien no tiene nada que perder y se acercó apenas unos centímetros.
— Vámonos, mi reina... vente conmigo
No pude evitar sorprenderme. En el norte, una escena así sería casi inimaginable.
— ¿Qué dijo? -preguntó mi marido, sin apartar la vista del frente-
Guardé silencio.
— ¿Qué te dijo? ¿Te está molestando?
Negué apenas con la cabeza.
Pero el ciclista insistía.
— Ándale... vente conmigo, ¿sí?
Mi marido ya forcejeaba con el cinturón de seguridad, dispuesto a bajarse. Yo solo deseaba que el semáforo cambiara.
Y cambió.
El hombre sonrió una última vez, nosotros avanzamos y la pregunta volvió a llenar el automóvil.
— Ahora sí, dime... ¿qué fue lo que te dijo?
Respiré hondo.
— Nada... no dijo nada
Durante años, la versión oficial de aquella historia fue siempre la misma:
— Una vez me la quisieron robar en un semáforo de la Ciudad de México.
Nunca la confirmé. Tampoco la desmentí.
Porque, siendo sincera, durante unos cuantos segundos un perfecto desconocido me desconcertó... y me hizo sonreír.
Y aquello, tan inesperado como inocente, resultó deliciosamente halagador. También, por qué no admitirlo, muy divertido.
P. D. La Ciudad de México sigue siendo, para mí, el lugar más surrealista que conozco
Sola , sola,un rincón en el fondo del alma para amar.
ResponderEliminarHay rincones que sobreviven incluso cuando todo lo demás parece derrumbarse. Quizá por eso, a veces, basta una sonrisa inesperada para recordar que aún saben latir.
Eliminarexisten experiencias tan inolvidables que siempre se recordarán con una sonrisa cómplice; lo otro, es que cada persona maneja su propia narrativa para su propia tranquilidad.
ResponderEliminarun abrazo y que tengas un feliz fin de semana.
Aprendí que, dentro de una misma historia, hay dos miradas diferentes.
EliminarAbrazo, Pirata y buen fin de semana.
Lo de tontear con una mujer casada en un coche desde una bicicleta casi roza el suicidio :) Es imposible no fantasear con "cómo sería mi vida si no fuese mi vida", ¿verdad?
ResponderEliminarCon menos que eso, Beauséant. Llegué a hacerlo, "cómo sería mi vida sin él"; y ni podía imaginarlo, ahora me cuestionó, "por qué me quedé", no hay respuesta.
EliminarAcontec e cada uma,não é? Melhor medo nada teres dito para o teu então marido..Não ficaria muito feliz,rs
ResponderEliminarbeijos, chica
No, ninguna, habría creído que provoqué la situación.
EliminarAbrazo
Bueno. Suele ocurrir a veces y en el fondo no deja de ser alegador. A veces también nos suele ocurrir.
ResponderEliminarSalud.
Agradable cuando un desconocido te hace sonreír.
EliminarSaludos, Erik
Ándale, un tonteo donde el hombre de la bicicleta se la jugó, en todos los sentidos, y por supuesto, a quién no le gusta un halago...
ResponderEliminarSin duda, una anécdota para compartir y reírse de la escena, más que te veía ya como la escena de los Puentes de Madison en la que ella está a un paso de saltar del coche e irse con su fotógrafo...
Un besote, feliz finde.
Mejor no confirmarlo.
ResponderEliminar:-)
Besos 🍀
Cuando no puedes compartir lo que puede ser una cosa graciosa, es que es mejor cambiar de aires.
ResponderEliminarBesos.
Un recuerdo entrañable... parece surrealista porque vivimos en un mundo amordazado y políticamente correcto.
ResponderEliminarSaludos.
Una historia entretenida, Adel. Contada con esa naturalidad y buen gusto que te caracteriza. Y, con ese final, tanto de él como tuyo que, en tu caso, vuelve a brillar esa naturalidad de valorar, y agradecer, el desconcierto, la sonrisa, lo inesperado, lo halagador... y divertido.
ResponderEliminarAbrazos, amiga!
Es algo arriesgado. Igual te llevas a la chica, que te llevas una hostia o una denuncia por acoso.
ResponderEliminarTan surrealista, como cuando le pedi a una amiga de aventuras en el edificio Colpatria de Bogotá, que en eso de las doce del día cuando el elevador entraba en soledad, hiciéramos el amor dentro de él. No lo pudimos hacer porque se bloqueo como por ensalmo. Se dio un corte de luz que lo paralizó, y nos dejó con las ganas hervidas.
ResponderEliminarUn abrazo. Carlos
Una historia muy surrealista y como bien nos dices mejor que se hubiera abierto el semáforo en ese instante.
ResponderEliminarSaludos.
Siendo yo de la ciudad, nacido, credido y seguramente morido algún día, puedo confirmar que todo esto es totalmente posible. También un poco surrealista de su parte (no de la ciudad), yo pensé que a las chicas no les gustaba eso, que le dirían groserías al tipo en la bicicleta o que hablarían a la policía, feminismo, #NiUnaMenos, en fin, mujeres, no las entendía antes no las enteneré en el futuro.
ResponderEliminarEs porque soy del norte, somos tolerantes dependiendo la situación, si no hay faltas de respeto, agresión, sea física o verbal, si solo es ponerse coqueto se le da el avión, si se pone pesado es diferente. Date una vuelta y seguro no regresas para allá.
EliminarEl ciclista fue un tanto arriesgado, temerario. Aunque te resultó halagador y divertido.
ResponderEliminarSurrealista como la entrada anterior.
Besos
¡Me ha encantado! A veces las cosas más locas son las más divertidas y las que más una se acuerda. Un saludo
ResponderEliminarA mí, estas cosas, solo me han pasado, de modo disperso, en el mundo de los sueños...
ResponderEliminarFeliz fía, amiga.
¡Qué directo fue el ciclista, no se andaba con rodeos para ligar!
ResponderEliminarSalu2.
Habría que ponerte un collar, para que no te roben ;)
ResponderEliminarUn beso dulce más.