— Esteban, tú serás el proveedor,
el protector, la cabeza y orgullo de tu nueva familia, las decisiones caerán sobre ti, al igual que su bienestar.
— Valeria, tú administrarás el pan, que con esfuerzo, Esteban traerá al hogar, tu única misión es ''ser bonita'', nada hubo y nada habrá en tu vida que no sea complacer los deseos de tu marido, sus ojos serán tus ojos y sus decisiones, las tuyas.
— Si están de acuerdo y no hay nadie que lo impida, firmen aquí — y señaló los apartados destinados para las rúbricas. En ese momento se unificaron las voces de desaprobación en la mayoría de los invitados
Valeria soltó el bolígrafo, se le vinieron encima los años de estudio, de avanzar peldaño a peldaño, con esfuerzo y dedicación en su puesto, más aún, por ser mujer, para que ahora le vinieran a decir, que solo tenía que ser ''bonita''. Se llevó
una mano a la frente, el dolor punzante de cabeza empezaba en ese momento y se
preparó para la lucha, Esteban la miró con infinita ternura, al tiempo que se
dirigió al Juez.
— Señor Juez, Valeria es mucho más que una cara bonita, no se quedará sentada, esperando, porque no se casa con un proveedor, me eligió como compañero de vida; y de aventuras, caminando juntos, a la par, nunca ella detrás de mí — un suspiro grupal se dejó sentir, seguido de una ovación.
El Juez, con el rostro desencajado por
la contrariedad, sentenció con máximo esfuerzo.
— ¡Los declaro marido y mujer! — añadió — ¡Y que dios se apiade de sus almas!.
