16 julio 2026

Surrealismo capitalino



Fue uno de tantos veranos en la Ciudad de México.

Habíamos pasado el día recorriendo algunos de sus rincones maravillosos y regresábamos al hotel. Mi entonces marido conducía con el gesto endurecido, tenso por ese caos fascinante que solo esa ciudad sabe convertir en rutina.

Antes habíamos hecho una pausa para cenar. La noche era distinta a las del norte: el cielo seguía cubierto, el pavimento conservaba el brillo de la lluvia y un aire fresco se colaba por la ventanilla. Incapaz de resistirme, la bajé un poco. En el norte eso habría sido impensable, el clima es sofocante.

Nos detuvimos en un semáforo. A nuestro alrededor, una marea interminable de automóviles parecía haber detenido el tiempo.

Entonces apareció él.

Un hombre en bicicleta cruzó la mirada conmigo, sonrió con la seguridad de quien no tiene nada que perder y se acercó apenas unos centímetros.

— Vámonos, mi reina... vente conmigo

No pude evitar sorprenderme. En el norte, una escena así sería casi inimaginable.

— ¿Qué dijo? -preguntó mi marido, sin apartar la vista del frente-

Guardé silencio.

— ¿Qué te dijo? ¿Te está molestando?

Negué apenas con la cabeza.

Pero el ciclista insistía.

— Ándale... vente conmigo, ¿sí?

Mi marido ya forcejeaba con el cinturón de seguridad, dispuesto a bajarse. Yo solo deseaba que el semáforo cambiara.

Y cambió.

El hombre sonrió una última vez, nosotros avanzamos y la pregunta volvió a llenar el automóvil.

— Ahora sí, dime... ¿qué fue lo que te dijo?

Respiré hondo.

— Nada... no dijo nada

Durante años, la versión oficial de aquella historia fue siempre la misma:

— Una vez me la quisieron robar en un semáforo de la Ciudad de México.

Nunca la confirmé. Tampoco la desmentí.

Porque, siendo sincera, durante unos cuantos segundos un perfecto desconocido me desconcertó... y me hizo sonreír. 

Y aquello, tan inesperado como inocente, resultó deliciosamente halagador. También, por qué no admitirlo, muy divertido.






P. D. La Ciudad de México sigue siendo, para mí, el lugar más surrealista que conozco



2 comentarios:

  1. Sola , sola,un rincón en el fondo del alma para amar.

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  2. existen experiencias tan inolvidables que siempre se recordarán con una sonrisa cómplice; lo otro, es que cada persona maneja su propia narrativa para su propia tranquilidad.

    un abrazo y que tengas un feliz fin de semana.

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