21 mayo 2026

Seda y Tinta




Te leo antes de que te escribas
te pronuncio antes de que respires 
y en ese intervalo mínimo 
te vuelves mío y ajeno a la vez. 

No hay seda en mis versos
hay nervio expuesto
hay tinta que aprende a sangrarte 
sin distinguir si eres herida o lenguaje. 

Cuando besas mis palabras 
no las consumes: te deshaces en ellas
y cada sílaba que te atraviesa 
regresa convertida en falta. 

No te moldeo: te descompongo en signos
te vuelvo diccionario de ti mismo 
hasta que ya no recuerdas si eras voz 
o solo el eco de haber sido nombrado. 

Y aun así
cuando cierro el poema
eres tú quien me sigue escribiendo 
desde el margen.

Porque no son tus muñecas las que he atado, sino el alfabeto que te inventa.



Para, Dulce
Por los 15 años de su blog



17 abril 2026

Aceptar la noche



Hace tiempo dejé de usar reloj de pulsera. La única forma de saber la hora es cuando la pantalla del móvil se enciende entre mis manos. Si la precisión deja de importarme, entonces miro al cielo. 

Su bóveda oscura, sembrada de luces brillantes, se vuelve presencia. Mientras la observo, me adentro lentamente en su profundidad; y todo a mi alrededor deja de latir. 

Solo el peso del móvil sostenido por mi mano izquierda me devuelve a la realidad… me recuerda que sigo aquí. 

Y dentro de esa negrura, voy recordando tantas historias compartidas con personas sin rostro, pero con un corazón capaz de atravesar la pantalla y hacerme consciente de su existencia. 

El duelo también aprende a guardar silencio. Ya no hay negación. No hay ira. No quedan lágrimas ni tristeza; solo aceptación. No únicamente de mi parte, también de ellos, los que dan sentido a mi mundo. 

—Ma, de tu puño y letra, hazme un libro con tus recetas… 

Consciente de que el tiempo no se detiene, él, generoso, me responde: 

“No llores por el final; sonríe por lo vivido”. 

Asentí con una sonrisa apenas perceptible. Cerré los ojos para guardar su voz entre mis recuerdos; y al abrirlos, el horizonte, vestido de un dorado brillante, me anunció el nuevo amanecer. 

Sí… estoy en calma.




Mi participación en el tema: Tu ausencia
Lidera, Campirela






14 enero 2026

El castillo del León



Caminé sin prisa, la noche se había cerrado delante de mí; y ante tanta oscuridad las sombras fueron cayendo con lentitud, solo el sonido de los stilettos y algunos gorjeos de murciélagos que revoloteaban al aire cortaban el silencio de los callejas vacías, continué en línea unos minutos más, el camino seguía igual, estéril, lúgubre, tan desolador que erizaba la piel, empecé a dudar si llegaría a mi destino, con el cielo casi negro, era imposible saber si en algún punto me había equivocado. 

De mi lado izquierdo apareció un hombre, o quizás era una silueta, una sombra, podría ser producto de mi imaginación o desespero. — ¿Me puedes ayudar?, ¿este es el camino hacia el castillo del León?, no emitió sonido, pero sentí su voz como muchas voces, su rostro como mil más y a la vez ninguno, intenté hablar; y su dedo índice silencio mis labios, sin tocarme, sentí su roce, señaló una pequeña desviación al costado izquierdo; y me susurró en silencio, — Te prometo que en su momento, cuando lleguen tus pasos a mis dominios [llegarás, no lo dudes], te estaré esperando; y en un beso casi infinito sentirás cuánto te he extrañado; y se desvaneció como había llegado. 

No intenté buscarlo, no era necesario, su voz, su rostro, su mirada, todo en ese hombre que parecía desprendido de la nada me recordó a un mismo hombre; y de ser así [como ya lo dijo] me estaría esperando. 

Seguí su guía; y cuando alcancé el recodo señalado, un jardín secreto apareció, con flores multicolor formando un íntimo sendero ascendente, que iluminado por la luna se abría cálido ante mí. El trayecto se volvió tranquilo, sin viento, sin oscuridad, el velo del anochecer se había disipado y en su lugar dejó caer las luces tenues proyectadas desde la redondez de la luna. 

Sobre la colina, la amplia puerta principal custodiada por cuatro Leones se abrió con gentileza, del interior del castillo manaba una suave melodía que acariciaba el alma 

El Caballero Oscuro reposaba con suavidad en una de las columnas al pie de la escalera, con los pies cruzados al igual que los brazos, la cabeza inclinada ligeramente hacia su izquierda, su mirada profunda, vibrante protegida por un antifaz que lo volvía seductor, e irresistible, más aún de lo que ya lo era. Se acercó a recibirme, su mano cálida sosteniendo la mía hizo posible que todo alrededor se desvaneciera; y delante solo quedó la puerta, esa puerta que había elegido y al contacto con mis manos se abrió sugerente. 

— Al final te decidiste por el salón ... sabía que lo harías, ¡entremos!, por cierto, mi niña ... ¿recibiste mi mensaje?.

Su mensaje... aquella silueta protectora que, desde la oscuridad me indicó el camino.


Siempre que me sea posible estaré presente en tu baile de fin de año, mi Caballero Oscuro.
Gracias por la invitación.