24 junio 2026

El desierto nunca tuvo prisa



Aprendí de él mientras veía la tarde deshacerse sobre la arena y a los matorrales resistir al viento. 

Todo parecía inmóvil, pero nada lo estaba. La arena viajaba en silencio, el calor abandonaba lentamente las piedras y el horizonte cambiaba de color como quien cambia de pensamiento. 

Yo también estaba cambiando. Después de la tormenta que me atravesó, dejé de luchar contra el tiempo. 

Me senté a contemplar la distancia y comprendí que sanar se parece a este paisaje, ocurre despacio, casi sin notarlo. 

Entonces el viento acarició mi rostro y seguí su camino. Sin resistencia. Sin miedo. Como una pequeña nube de arena que, por fin encontró su manera de fluir.




21 junio 2026

Karma



Pasadas las nueve, decidimos ir al Tim Hortons cerca de casa. Como ya era noche, pedí té. 

A punto de cerrar, salimos al jardín: un área exterior protegida por malla y una sólida reja. Un pequeño refugio donde uno supone que está a salvo de cualquier imprevisto. 

Y entonces apareció el gato negro de siempre. 

Un cazador empedernido que merodea el jardín intentando atrapar a los pajaritos que bajan a comer. 

A veces lo alimento con trocitos de atún; y me pregunto si cree que lo hago porque está convencido de que somos amigos; yo solo quiero que deje a los pajaritos tranquilos. 

En la mesa de al lado había una mujer de cabello largo y afro, acompañada de su pareja. 

De pronto, el gato abrió la boca y dejó caer un enorme saltamontes. 

El insecto aterrizó cerca de mí. Un grito aterrador brotó de lo profundo de mis entrañas. 

La mujer del afro me lanzó una mirada cargada de juicio y murmuró algo a su acompañante. 

Podía sentir su desaprobación atravesándome el pecho como una lanza. 

Mientras tanto, el gato volvió a capturar al enorme insecto, lo soltó, lo atrapó otra vez y repitió el juego varias veces más. 

La mujer seguía observándome como si estuviera protagonizando un escándalo innecesario; y yo seguía alterada. 

Hasta que el destino decidió intervenir. 

En una de sus maniobras, el gato soltó al saltamontes justo al lado de la mujer. 

Por alguna misteriosa alineación cósmica, el insecto dio un salto magistral y desapareció entre la espesura de su cabello afro. 

— ¡Sáquenmelo! ¡Sáquenmelo! -gritaba con una desesperación que hacía pensar que no volvería a ver el amanecer-. 

Toda aquella malla. Toda aquella reja. Toda aquella sensación de seguridad se volvió inútil ante un solo saltamontes. 

Lo confieso... 

Sentí una satisfacción inmensa. 

Pequeña. 
Mezquina. 
Deliciosa.









Detrás de la reja, pequeñas historias con Artesanos de la palabra.

16 junio 2026

Corazón de sombra





Aquella noche descendí al reino de los sueños no como señor, lo hice como huésped. 

La encontré caminando por una playa que parecía inventarse a cada paso, donde el mar reflejaba constelaciones que no existían en ningún cielo. 

La arena era cálida; y el horizonte permanecía suspendido entre el amanecer y el crepúsculo. 

No preguntó quién era. 

Quizá en los sueños las almas reconocen verdades que la vigilia olvida. 

Caminamos juntos durante lo que pudo haber sido una hora o un siglo, no lo tengo claro, o es quizás que no quise indagarlo. 

Hablamos de la lluvia sobre la tierra estéril, de canciones recordadas a medias y de nombres que sobreviven al tiempo. 

Y por primera vez comprendí el milagro de compartir el silencio, esos espacios sin voz, pero sí con presencia. 

Nos sentamos junto al agua. Las olas llegaban y se retiraban como una respiración profunda. 

— ¿Esto es un sueño?, -preguntó- 

Miré las estrellas bajo la superficie del mar. 

— ¡Sí!

— Entonces despertaremos. 

La certeza de aquellas palabras atravesó la noche; y a mí. 

Antes habría considerado insignificante esa pérdida, pero ahora conocía el valor de las cosas que terminan. 

— Sí -respondí-, despertaremos

Ella sonrió y apoyó su cabeza sobre mi hombro, permanecimos así mientras el cielo cambiaba lentamente de color, ninguno intentó detener el tiempo. 

Cuando llegó la despedida, la playa se volvió niebla y el mar un murmullo distante. 

Ella se levantó.

Yo después de ella. 

— Tal vez vuelva a soñar contigo, -dijo-

Quise decirle que conocía todos los caminos de la noche, que podría encontrarla entre millones de almas, pero descubrí que ya no deseaba certezas. 

— Tal vez -dije-

Entonces desapareció 

Y desperté. 

Regresé a las fronteras donde los sueños terminan y las memorias comienzan.

Continué recorriendo los sueños de los mortales, escuchando sus anhelos, sus pérdidas y sus esperanzas. 

Algunas noches, me detenía. 

Y buscaba. 

No sabía si volvería a encontrarla. 

No sabía si ella recordaría nuestra playa. 

Y por primera vez desde el nacimiento del tiempo, descubrí que podía vivir sin saberlo.






Esta semana la dirección corre a cargo de Sylvia, con el tema: Inspirándonos