26 mayo 2026

Pánico en la alacena




La pimienta 
— Cada vez que la humana acerca ese cesto a la alacena me pongo a temblar. 

La sal 
— ¿Y por qué sigues aquí? Estoy segura de que ya caducaste. Hace meses deberías estar en el fondo del cesto, junto a las sopas instantáneas olvidadas. 

La pimienta 
— Vivo oculta… y aterrada. 

La caja de bizcochos 
— ¿Aterrada tú? Soy yo la que vive con el Jesús en la boca desde que a la humana le dio por “comer saludable”. Ya desaparecieron mis hermanos: los pastelitos, las donas y las panquecitas. 

La paprika 
— Y con justa razón. Todos tenían tres sellos negros; y más químicos que una batería 

El orégano, desde una esquina 
— Aquí el verdadero peligro son las semillas de chía. Llegaron “por una semana” y ya hablan de detox, yoga y energía ancestral 

En ese momento, la humana tomó el limpiador, acercó un banquito, encendió la lámpara y comenzó a revisar fechas de caducidad. 

La pimienta se escondió detrás de la harina de almendras
La sal comenzó a rezar
La paprika fingió ser curry
Las hojitas de orégano se hicieron polvo

— 2021… 2022… ¡No puede ser! susurró la humana

De pronto timbró el celular. 
— ¡Mariano! ¡Cuánto tiempo! / ¿Qué dices? / ¿Hoy? / Claro, voy en camino… solo lo que tardo en llegar. 

La humana cerró apresurada las puertas de la alacena y salió. Pasaron unos segundos de absoluto silencio, ntonces la pimienta soltó un suspiro: 
— ¡Nos salvamos!… 

Pero desde arriba cayó lentamente una libreta sobre el estante. 

La sal leyó la portada y se quedó helada: 
— “Plan de limpieza profunda del domingo”. 

Y la avena integral murmuró: 
— Compañeros… disfruten sus últimas 48 horas.

La canela salió de su escondite  
— Yo pasé por esto en 2023... !Es el apocalipsis!

El jengibre se acercó al consomé y leyó la leyenda
— Edición especial año 2000

Admirados, todos contuvieron la respiración





Acompañando la propuesta, "Oido cocina", dirigida por, Tracy




21 mayo 2026

Seda y Tinta




Te leo antes de que te escribas
te pronuncio antes de que respires 
y en ese intervalo mínimo 
te vuelves mío y ajeno a la vez. 

No hay seda en mis versos
hay nervio expuesto
hay tinta que aprende a sangrarte 
sin distinguir si eres herida o lenguaje. 

Cuando besas mis palabras 
no las consumes: te deshaces en ellas
y cada sílaba que te atraviesa 
regresa convertida en falta. 

No te moldeo: te descompongo en signos
te vuelvo diccionario de ti mismo 
hasta que ya no recuerdas si eras voz 
o solo el eco de haber sido nombrado. 

Y aun así
cuando cierro el poema
eres tú quien me sigue escribiendo 
desde el margen.

Porque no son tus muñecas las que he atado, sino el alfabeto que te inventa.



Para, Dulce
Por los 15 años de su blog



17 abril 2026

Aceptar la noche



Hace tiempo dejé de usar reloj de pulsera. La única forma de saber la hora es cuando la pantalla del móvil se enciende entre mis manos. Si la precisión deja de importarme, entonces miro al cielo. 

Su bóveda oscura, sembrada de luces brillantes, se vuelve presencia. Mientras la observo, me adentro lentamente en su profundidad; y todo a mi alrededor deja de latir. 

Solo el peso del móvil sostenido por mi mano izquierda me devuelve a la realidad… me recuerda que sigo aquí. 

Y dentro de esa negrura, voy recordando tantas historias compartidas con personas sin rostro, pero con un corazón capaz de atravesar la pantalla y hacerme consciente de su existencia. 

El duelo también aprende a guardar silencio. Ya no hay negación. No hay ira. No quedan lágrimas ni tristeza; solo aceptación. No únicamente de mi parte, también de ellos, los que dan sentido a mi mundo. 

—Ma, de tu puño y letra, hazme un libro con tus recetas… 

Consciente de que el tiempo no se detiene, él, generoso, me responde: 

“No llores por el final; sonríe por lo vivido”. 

Asentí con una sonrisa apenas perceptible. Cerré los ojos para guardar su voz entre mis recuerdos; y al abrirlos, el horizonte, vestido de un dorado brillante, me anunció el nuevo amanecer. 

Sí… estoy en calma.




Mi participación en el tema: Tu ausencia
Lidera, Campirela