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17 abril 2020

Ecos de una habitación cerrada, este jueves un relato

Comentario hecho al amigo blogero, El Demiurgo, en el cumpleaños de uno de sus personajes, Mara.

Imagen propiedad de, El Demiurgo

De fondo la música ligeramente audible, imprescindible para relajarse en momentos así, cuando un movimiento milimétrico marca un cambio drástico y un avance radical en una relación que, por sí sola rebosa lo irracional.

Temblorosa, Mara sube peldaño a peldaño con una pasividad asombrosa, es consciente que la valentía es solo aparente ... Abre la puerta, observa a Atalanta arrodillada en el centro de la habitación, hundida en su interior, tratando de ser paciente y estar atenta a cada movimiento, cada paso y sonido que percibe a su alrededor.

Poco a poco la escucha entrar, se inclina lentamente hasta apoyar las manos en la fría losa del suelo y su cabeza se posa con delicadeza sobre su pecho, sostiene su cuerpo inclinado hacia adelante ... Mara la observa arrodillada sobre sus piernas, parece vencida, como si el aturdimiento que la embarga barriera su mente y anulara cualquier recuerdo dejándola como lienzo blanco. Mara jadea pesadamente ante el panorama que se le ofrece.

La toma de la mano y la ayuda a llegar hasta el tálamo, Atalanta se deja llevar como mariposa que aletea en su lecho de pétalos carmín, balanceándose en forma sutil de un lado a otro, sus muñecas sujetas por lazos de seda, delicado amarre que pudiendo soltar en cualquier instante no lo hace, permanece tendida, a su merced.

Mara se aleja, observa por largo rato la escena, sentada cómodamente en el sofá de cuero. De repente, su luz interior se expande, se siente poseída por una energía suprema, como si Afrodita se materializara en ella.

De súbito, se levanta del sofá, sus pasos calmos poco a poco se acercan hasta Atalanta, se interna con delicadeza entre sus piernas, su cuerpo se abre para recibirla y un gemido profundo rompe el silencio de la habitación ... Se siente sensual, lasciva, con un apetito voraz e insaciable que la pone en frenesí ... tirita el deseo al compás de su arrítmico pulso.

Lugar de acogida, El Demiurgo