El Laberinto de esta semana viene de la mano de Mag
Lo observé durante gran parte de la noche, me provocaba una extraña fascinación ver a distancia sus movimientos lentos, al mismo tiempo lo sentía latir dentro de mí, era como un madero que calentaba mi sangre al tiempo que ardía en mis entrañas. Intentaba distraerme con la bebida que tenía en mi vaso, de contenido insípido y vaso arrogante.
Lo observé avanzar con pasos firmes y largos, su movimiento armónico y su cadencia lo elevaban sobre el resto. Su melena corta y su gran altura lograba que las luces se quedaran detrás de su cabeza y salieran a sus costados en destellos multicolores, él a su vez parecía venido de la oscuridad.
Se sentó en la mesa contigua, a escasos dos metros de distancia. Una mezcla de satisfacción y miedo se apoderó de mí, transpiraba extasiada al sentirme penetrada por su mirada, de vez en cuando levantaba la vista y lo descubría observándome. En vano traté de concentrarme en la charla que sostenía con mis amigos.
Me dirigí al baño, en el trayecto nos cruzamos. Un leve roce fue suficiente para recordarme en él. Me sentí desnuda y vulnerable, mi reacción instintiva fue salir corriendo, pero me quedé estática.
Es él, el mismo que me observa dormir desnuda desde el borde de la cama y me hace despertar de noche en pleno orgasmo. El que lacera mis carnes sin piedad cuando más lo necesito y clava en mis aureolas sus garras como agujas sin filo. El que me lleva de la mano a la más sublime oscuridad cuando siento frío y habita mis abismos.
Lo observé en silencio ... Su mirada larga y profunda me hizo trastabillar y caer de rodillas. No pude evitar admirarlo desde abajo, con la mirada perdida en su mirada y el cuerpo temblando de deseo.
