El tiempo ha pasado inexorable, tanto por pensar, por vivir, por decir y nada sale de mi boca... Lo reconozco, me he esforzado en encontrarte y, con el mismo afán he perdido en cada intento la esperanza.
He esperado que las sombras me devuelvan tu recuerdo, que el viento me regrese tu aroma y que te vuelvas vida en mis retinas y todo ha sido en vano.
Te invité a cenar a la luz de la luna, el cielo generoso nos ofreció un manto de estrellas que desprendió con destreza, en la semioscuridad de la noche. Coloqué al lado derecho un par de velas blancas con aroma a vainilla y una vela roja cereza almibarado, su luz inquieta se mecía con el viento creando un aroma generoso y placentero.
Esperé inquieta tu presencia, olvidando respirar por momentos ... Esperé paciente mientras observaba en el centro de la mesa el molcajete que antes de marcharte me obsequiaste, único objeto que de ti conservo y atesoro.
Esperé inquieta tu presencia, olvidando respirar por momentos ... Esperé paciente mientras observaba en el centro de la mesa el molcajete que antes de marcharte me obsequiaste, único objeto que de ti conservo y atesoro.
A mi madre
Esta semana los relatos corren a cargo de Alfredo en; La Plaza del Diamante
El tema: Objetos
