La garganta prolongaba el dolor por el nudo concebido, los labios se entreabrieron y su voz brotó ronca, como venida del otro extremo del mundo.
— ¿ Lo sabías ... ?
Segura de sí respondió jubilosa.
— ¡ Por supuesto !, en mi casa nada sucedía si yo no me enteraba.
Se apoyó en un suspiro interminable. Sentada en una de las esquinas de la habitación donde la luz apenas llegaba, dejó caer en sus palmas retazos de añejas lagrimas que escurrieron como cera caliente, el cuerpo le temblaba.
Se levantó y salió de la pieza hacia el pequeño jardín, un aire helado le golpeó sin piedad el rostro, levantó sus ojos al cielo oscuro y lloró amargamente. Dejó pasar un momento e intentó huir, pero el semblante duro y ahora desconocido se interpuso en su camino.
— ¿ Qué esperabas que hiciera ?, no has sufrido más que yo ... ¡ No te quejes !, anunció fatigada, ¿ qué más podía hacer ?, no se trataba de ti, era mantener unida a la familia.
La observó con un gesto de escepticismo.
— ¿ Familia ?, ¡ No !, lo permitiste porque era tu hijo favorito.
— ¡ Mi hijo ... !, hace más de veinte años que no lo veo ... ¡ Lo extraño !.
Lloró copiosamente antes de hundirse definitivamente en el alzheimer.
— ¡ Madre ... !.
Mi participación en la dinámica de este jueves de Neogeminis.
225 palabras

es dura y difícil la enfermedad del alzheimer tanto para el que la padece como para su entorno. mi madre murió tras cinco años de tenerla.
ResponderEliminarun buen relato.
un beso.
Lo siento, Pirata
EliminarUn abrazo envolvente
Vade retro, Satanás. No esperaba ese final. Creo que un mal de esa clase es un infierno en vida, como veo que tú lo tienes claro a tenor de lo que has escrito. ¿Sabes?, me ha quedado un poso de desasosiego, y eso que me gusta que un texto me mantenga en tensión. Adelante.
ResponderEliminarMe quedé igual al escribirlo, Fackel
EliminarAbrazo
Uno de los monstruos mas terroríficos que pululan entre nosotros, y hasta que nos has descubierto su identidad me has tenido en vilo. Abrazucos
ResponderEliminarUn abrazo grande, Ester
EliminarUna enfermedad terrible que hace olvidar a los seres queridos, es algo que los dioses, (si existieran o tuvieran algo que ver), no deberían permitir.
ResponderEliminarBesos.
O quizás es la n escape para algunas personas, Juan
EliminarBeso
Desgarrador.
ResponderEliminarUn abrazo.
Abrazo, Rafael
EliminarAy ratos...
ResponderEliminarLos hay y en esos ratos, revelaciones, Erik
EliminarBeso
Que buen relato nos dejas, además de ser algo penosos para aquellas personas que tienen alguien de su familia con la enfermedad del olvido. Que puede ser más triste que llegar a no conocer a tus seres queridos o que no recuerden. Un abrazo preciosa,un buen texto.
ResponderEliminarCreo que sí, puede haber cosas mucho más tristes, Campirela
EliminarAbrazo
Por lo menos pasar a leerte y saludarte.
ResponderEliminarUn beso, Pitt
EliminarAl final me dejase K.O.
ResponderEliminarBueno, y durísimo.
Besos.
Gracias, Torito
EliminarBeso
El final es una bofetada de realidad, amiga.
ResponderEliminarHasta ese momento, nada apuntalaba, lo que luego fue.
Te felicito.
Un beso.
Quizás fue demasiado oculto, amiga, así fluyó
EliminarBeso
De los más devastadores…
ResponderEliminarMuy bueno. Mantiene en vilo hasta el desenlace final; un golpe de realidad.
Un placer leerte, querida amiga.
Abrazos, y feliz día 💙
Como esas sacudidas de la vida, Gin
EliminarBesos y abrazos
Hay todo tipo de olvidos en la vida, aquellos voluntarios e involuntarios, sin duda olvidar por una enfermedad es duro, pero tanto más lo es también pretender olvidar lo que ha dañado. Muy buen relato nuevamente.
ResponderEliminarBesos dulces para ti.
Pretender olvidar solo es engañarse a sí mismo, Dulce
EliminarBeso
El mayor de los monstruos que no solo devora a quien lo acuna si no también a quien lo mece. Muy buen relato.
ResponderEliminarMil besitos y feliz tarde ♥
Y tan cierto lo que dices, Auro
EliminarBesito
Yo capto que aquí hay mucho más que el monstruo del Alzheimer el cual en muchos casos es el ángel salvador de las inmundicias permitidas en las familias. Muy buen relato. Besos.
ResponderEliminarCaptaste bien, Molį
EliminarBeso
Algunas cadenas, pase lo que pase, nunca se rompen.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Y es lamentable, José
EliminarSaludos
Una muy triste enfermedad, que es un horrible monstruo que atrapa sin piedad
ResponderEliminarSin duda lo es, María
EliminarAbrazo
Qué jodido es ir borrándose de a poco. Para quien padece la enfermedad, pero no es menor para quienes le quieren.
ResponderEliminarUn abrazo
Y muy desgastante, Alis
EliminarAbrazo
la realidad es a veces más terrible y monstruosa que la imaginación más fértil. Si somos nuestros recuerdos, y éstos se destruyen, por supuesto que dejamos de ser nosotros mismos
ResponderEliminarToda la razón en tu reflexión, Rodolfo.
EliminarPor cierto, ¡ Bienvenido!
Abrazo
Desaparecen los recuerdos y también los filtros, y se dicen cosas que antes no se dijeron y que no se debían decir, por sabidas. O se dicen en el desespero de que no habrá más oportunidades. Hay muchos tipos de cosas no dichas.
ResponderEliminarDesgarrador y muy acertado el identificar ese mal como un monstruo. Ya van dos enfermedades "monstruosas" en lo que llevo leído de convocatoria
Besosss
Tampoco permitir, Gabiliante.
EliminarSí, también leí el otro relato y me sorprendió la similitud del tema
Beso
Qué triste final. Vade retro.
ResponderEliminarBesos
Sí, es triste, para todos, Myriam
EliminarBeso
Pero qué dura es esta enfermedad.
ResponderEliminarBesos enormes.
Besos enormes para ti, María
EliminarHay elipsis en tu relato, que acentúa lo inquietante, lo dramático.
ResponderEliminarNo contás de quien es ese rostro acusador. Y que fue lo que pasó, lo que esa madre encubrió. Y esa enfermedad acentúa la tragedia de una víctima, que no puede reprocharle a su madre, quien no intervino. Y eso será una carga extra.
Bien contado.
Besos.
Así salió, Demiurgo, solo dejando entrever sin llegar a confirmar.
EliminarUno de los problemas a cargar es precisamente no reprochar o no saber los por qués.
Bien desgranado, gracias
Beso
Inmerecido final para cualquiera...
ResponderEliminarAbrazos, Mujer. Muchos.
Coincido contigo, Carlos
EliminarAbrazo inmenso
Muy bueno tu relato, ha sido un monstruo inesperado hasta el último segundo. Es un tema muy duro y también me tocó muy de cerca. Un abrazo
ResponderEliminarLamento eso, Neuriwoman
EliminarAbrazo
Que tristeza pero cuanta ternura, nobleza a su ves, un relato que ocurre muchas veces, has creado un relato genial Mujer de Negro, te dejo saludos, hermosa tu participación.
ResponderEliminarGracias, Jorge
EliminarAbrazo
Interesante relato sobre un drama enorme. Hay una canción que me revuelve sobre este tema, te la dejo.
ResponderEliminarhttps://sobremorir.blogspot.com/2015/07/la-memoria.html
Un beso.
Los monstruos como la enfermedad son difíciles de vencer.
ResponderEliminarYa desde el primer momento me gustó que eligieras la imagen de Orgullo y Prejuicio ;)
Un beso, MN
Las enfermedades de verdad que son monstruos a combatir, lamentablemente algunas no tienen cura, y sobre todo esta, que todos los integrantes la sufren y se deterioran con ella.
ResponderEliminarUn abrazo :)
los monstruos de la mente son invencibles. solo podemos acompañar y cuidar.
ResponderEliminarUn relato triste pero muy real.
Un placer leerte
Beso
Muy duro ese final. Perder la memoria es perder la identidad.
ResponderEliminarUn abrazo
Um drama enorme, mas que ocorre muitas vezes.
ResponderEliminarGostei muito da forma intensa como descreves o a história!
Te deixo un beso...
A.S.
Existen enfermedades crueles con uno mismo y otras crueles con aquellos que te rodean... perder la memoria, volverlo todo un niebla asfixiante es algo muy duro de ver en un ser querido.
ResponderEliminarTexto muy humano. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarEs un relato DURO, fuerte, excelentemente escrito, estas cosas ocurren, tristemente pasa.
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