22 julio 2026

Manual de uso

 


Nací con un cuerpo. Lo demás me lo enseñaron. 

No recuerdo cuándo dejaron de preguntarme quién era para empezar a decirme quién debía ser. Solo sé que aprendí a pedir perdón antes de hablar, a sonreír cuando algo me dolía, a bajar la mirada para no incomodar; y hacer pequeños mis sueños para que los de otros ocuparan todo el espacio. 

Me enseñaron que una buena mujer cuida, cede y calla. Que amar era renunciar. Que pensar primero en mí era egoísmo. Con el tiempo dejé de discutir, era más fácil desaparecer un poco cada día. 

Entonces llegaban los elogios. "Qué buena mujer." "Qué discreta." "Qué afortunado quien se case contigo."

Yo sonreía sin entender que aquellas palabras también podían ser una jaula. 

Con los años ya nadie tuvo que decirme cómo debía vivir. La voz que me vigilaba se instaló dentro de mí, me reprendía cuando decía "no", cuando quería más, cuando imaginaba una vida distinta. La obedecí tanto tiempo que terminé confundiéndola con mi propia conciencia. 

Y sin darme cuenta, perdí a la niña que fui, la que reía sin pedir permiso, la que corría sin miedo, la que aún no sabía que el mundo esperaba de ella una versión más pequeña de sí misma. 

Un día me cansé. 

Avancé las páginas sin control; y llegué al final del libro esperando encontrar la última orden. 

Lo que vi fue una página en blanco, había caído la venda que cubría mis ojos. 

Lloré como quien descubre que ha vivido siguiendo un mapa dibujado por otras manos. 

Tomé una pluma. 

Escribir la primera palabra, cortita, pero con gran peso, fue el acto más difícil de toda mi existencia, porque significaba traicionar todas las obediencias que me habían enseñado. Pero también fue la primera vez que sentí que respiraba de verdad. 

Hoy sigo aprendiendo a ser mujer. 

No la que otros imaginaron para mí. 

La que, por fin, se atreve a existir.







Citas en el rincón de, Campirela

3 comentarios:

  1. Me gusta lo que escribiste.
    Hay momentos de rechazar los supuestos elogios, de rebelarse.
    Y revelar la verdadera personalidas, defender los propios deseos.
    Muy bien elegida la frase.
    Besos.

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  2. Muchas gracias por este relato tan sincero y de verdad, a veces las enseñanzas de nuestros progenitores o demás personas no son las mejores, nos quitan nuestra esencia propia, hasta que esta por algún motivo un día sale a la luz, y nos damos cuenta de que la vida es nuestra y somos las que debemos decidir cómo vivirla. Nuestro yo más personal, ese nunca nos lo deben robar.
    Me gustó la frase elegida. Un beso, y muy feliz semana.

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  3. Es bueno tomar las riendas de nuestra vida.
    Salu2.

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