Los noventas ... Don Juan se levantaba cinco menos diez; y antes que otra cosa, subía al tercer piso donde tenia el jardín, descorría la cortina que cubría la amplia y rectangular jaula de seis metros, daba dos pasos atrás y observaba embelesado el despertar de los periquitos australianos, Don Juan cubría sus necesidades procurándoles alimento, agua, comida, clima, un jardín sano; y el cambio de tierra necesario, mientras buscaba con la mirada al pinzón, esa pequeña ave de colores rosados que siempre se acercaba a saludarlo.
No usaba celular, pero se había hecho de un cassette donde le grabaron una melodía del canto de pájaros y le era suficiente, colocaba la grabadora en una mesilla auxiliar, ponía el cassette y se sentaba a disfrutar de todo el alboroto de las pequeñas aves y su música.
Después de su autojubilación, se dedicó a ampliarla, informándose de la mejor forma para tener a sus inquilinos lo más cómodo posible, salvándolos del peligro del vuelo libre, pero ofreciéndoles un atisbo de libertad que les resultara suficiente. Su canto le hacía sentir que lo había conseguido. Así descubrió que la mejor jaula es la horizontal, porque el vuelo de las aves es así.
Luego se dirigía a la cocina, preparaba el desayuno de su mujer y el suyo; y esperaba pacientemente su aparición. Treinta años de ignorarla habían sido suficientes para llevarlos a un matrimonio vacío, él cambio, pero ella también. Después del desayuno, ella se retiraba; y aunque vivían bajo el mismo techo, no volvían a verse hasta el día siguiente que se reunían a desayunar.
Después de dejar limpia la cocina, Don Juan subía nuevamente con las aves, esta vez, se quedaba dentro de la jaula y empezaba a sentir el breve revoloteo sobre su cabeza, hasta que las aves lo sentían como parte del entorno, luego, el pinzón se le acercaba, Don Juan, al verlo, levantaba su mano y el pajarillo rosa se acomodaba en su palma. Descendía con él y lo llevaba a su habitación, luego de unas horas lo regresaba a lo que llamaba, su hábitat, esto sucedió por alrededor de diez años.
El día que Padre murió, encontraron dormido al pinzón, acurrucado en su mano izquierda.

Otra bonita entrada que culmina perfectamente la convocatoria del jueves , esos periquitos eran su felicidad, tal fue así que a la muerte de Don Juan, aquel pizón murió con él.
ResponderEliminarPrecioso.
Un besote.
No, el pinzón no murió, pero después de eso vivió brevemente, un par de días solo
EliminarBesos, Campirela
La complicidad entre ellos era muy superior a la del hombre con los otros humanos. Es un historia entrañable sobre la soledad. Abrazos
ResponderEliminarSí, recordar devuelve la nostalgia
EliminarAbrazo, Ester
a veces no se sabe bien el porqué se casan las personas. este hombre fue feliz al lado de sus aves y no necesitaba más; de tal forma que su esposa quedó relegada a un segundo plano como sino existiera.
ResponderEliminareste texto me hizo recordar una historia real donde una mujer, al morir su marido, llamó a un reciclador para que se lleve todos los libros que había en la biblioteca, ya que su esposo le puso tanta atención a ellos en vez de a ella, que la pobre mujer terminó odiándolos.
aquel reciclador, con la venta de todos esos libros, ganó tanto dinero que se fue de vacaciones a las playas de brasil.
volviendo a tu texto, son los vivos, en este caso las aves, las que nunca olvidarán a su cuidador.
besos.
La dedicación que tenía hacia las aves, su cuidado, era algo que agradecía de ver, pero creo que no logré ese total entendimiento hasta que llegó a mí, mi cachorrito, la unión, el cuidado, ese lazo que tengo con él me recuerda siempre aquellos momentos.
EliminarSí, entiendo lo de los libros, el sentimiento, no lo comparto, pero sucede.
Besos, Pirata
Triste como poético.
ResponderEliminarUn matrimonio con frialdad, con una soledad que trataba de contrarrestar con la compañía de los pájaros.
Bien contado. Besos.
Creo, Dem, que a veces llegamos a un punto de, no retorno, sea por lo que hacemos o nos hacen; y si no ponemos solución viene esa soledad que tratamos de cubrir con otras cosas
EliminarPuñado de besos
Muy triste pero he sabido de animales que mueren junto a sus dueños. Supongo que resienten demasiado la ausencia. Un beso.
ResponderEliminarCreo que es de los amores más puris y entregados, Jova
EliminarAbrazo
Un matrimonio vacío. Esa afición o necesidad de estar con las aves pudo ser el refugio de su soledad compartida.
ResponderEliminarBuen texto. Un abrazo
Siempre es posible, Albada
EliminarUn abrazo
Una historia triste y bella, la he disfrutado mucho.
ResponderEliminarBesos.
Te agradezco, Noelia
EliminarBesos
Quizás tenía que haber puesto algo de interés en esa relación.
ResponderEliminarUna triste historia de un hombre y sus pájaros.
Sí, coincido con tu pensamiento, Alfred
EliminarAbrazo
Teniendo en cuenta que la esperanza de vida de un pinzón es, como mucho, doce años... Se podría decir que compartieron sus vidas y el verdadero matrimonio era ese. Muy tierno.
ResponderEliminarEl final de sus vidas, de ambos, gracias, Kiffi
Eliminar¡Hola, Mujer de Negro! Los seres humanos somos paradójicos y quizá orgullosos. Todos necesitamos sentir el calor de un abrazo o una caricia, sobre todo de nuestra pareja. Pero a veces la rutina nos hace olvidarlo, y a fuerza de no hacerlo nos deshabituamos y cuando eso sucede nos encontramos a dos personas deseando ser abrazadas por el otro, pero sin valor para tomar la iniciativa. Padre, en este caso, encontró en los pájaros esa correspondencia de cariño. La esposa, quizá la encontrara en otra parte, pero eso es otra historia. Estupendo relato. Un abrazo!
ResponderEliminarA veces, simplemente las cosas ya no funcionan, pero no se tiene el valor o la capacidad de terminarlo; y continúan haciéndose daño, pero juntos.
EliminarUn abrazo, David
Todo ser humano, independientemente de la edad que tenga, necesita de calorías afectivas y, cuando por la razón que sea, esto falla, bien sea dentro de la familia o matrimonio, se busca algo que compense ese vacío y él lo encontró en ese pájaro que le fue fiel hasta su muerte.
ResponderEliminarMe ha encantado tu relato, ha sido un placer venir a visitarte. Gracias por tus letras.
Cariños.
Kasioles
¡Bienvenida, Kasioles!
EliminarEl placer es mío de verte por aquí
Un abrazo
Un cuento precioso, estás dotada para la escritura, Me ha gustado eso de "él cambio pero ella también" creo que has plasmado magistralmente ese punto de no retorno en los sentimientos, a veces duele darse cuenta de que ya no puedes deshacer lo mal hecho, no al menos uno solo.
ResponderEliminarSolo aceptarlo y continuar sus vidas, sería lo mejor, pero no siempre estamos a aceptar los cambios
EliminarGracias, Joaquín, un abrazo
A Don Juan enjaulaba yo durante una buena temporada desde el primer día de su nacimiento, hasta que llorara de amor por la muerte de su carcelero cuando esta llegara.
ResponderEliminarLe obsequiaron los pajaritos, le advirtieron que, de dejarlos libres morirían porque no sabían estar en libertad y lo creyó, quiso protegerlos y brindarles un espacio amplio y seguro, pero igual, por muy grande que sea, una jaula es eso, una jaula
EliminarJo... da mucha pena.
ResponderEliminarTodos los crepúsculos de vidas me entristecen.
Besos.
También a mí, Toro
EliminarBesos
que bella entrada un brinis por un No a Los Odios
ResponderEliminarNo hay odios por aquí, Recomenzar
EliminarUma foto que emociona. Um texto que muito gostei de ler
ResponderEliminar.
Cumprimentos poéticos e cordiais
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Pensamentos e Devaneios Poéticos
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Gracias, Ry@rdo
EliminarUn abrazo
Vaya, MdN, casi consigues que mis ojos se pongan como cristal de ventana en día de lluvia... entrañable, precioso. Tienes una magnífica pluma en tu alma.
ResponderEliminarFeliz viernes.
No, no quiero que llores, Enrique, prefiero tus sonrisas
EliminarGracias por siempre estar
Abrazo y bello tu fin de semana
Esta situación que hoy nos traes, va más lejos de la monotonía, rutina o inercia que viven muchas parejas. Ellos han llegado a convertirse en dos pequeñas islas, rodeadas de mar por todas partes, y sin fuerzas para nadar e ir a buscar al otro. Terrible soledad la que pueden llegar a sentir, cuando se viven situaciones tan lamentables como esta.
ResponderEliminarMe quedo por aquí. Feliz tarde. 😘
¡Bienvenida, Emma!
EliminarA veces, la distancia entre ambos es tan grande, que se vuelve insalvable
Un abrazo y buen fin de semana
Puedes estar rodeado de gente... y sentirte solo... Y puedes estar aparentemente solo, y sentir la cercanía de alguien, de algo... aunque sea un simple pajarillo.
ResponderEliminarEn todo caso, y esto es una opinión, mejor solo... que mal acompañado.
(Excelente relato)
Se puede, Manolo, por supuesto, coincidimos en ello
EliminarUn abrazo
Qué triste!!! Vivir para unas aves e ignorar a un se humano... Y ser ignorado por ese ser humano. Qué desperdicio de vida!!! Aunque hay tantas vidas que se dejan desperdiciar, que no debería extrañarme.
ResponderEliminarEn este caso, yo vuelvo a la sabiduría de los niños. Qué haría un niño??? Un niño no ignoraría a alguien que tiene al lado. Querría jugar, abrazarse, compartir, vivir, amar... Sin dejar de jugar con el pinzón, por supuesto.
Todo lo cual me confirma lo estúpidos que podemos llegar a ser los adultos. Otra cosa que queda confirmada por la experiencia. Me quedo niño...O más correctamente dicho, adulto-niño.
Esta bien que nos pongamos de tanto en tanto el espejo delante del rostro. Agradecido por hacerlo!!!
Un enorme abrazo, querida amiga!!!
No debería, pero sigue sorprendiéndonos, Emilio
EliminarNunca dejar de ser niños, dentro del adulto es una gran forma de vida
Abrazo inmenso, mi querido amigo
Lindo
ResponderEliminarBesos
Gracias, Erik
EliminarBesos
La comunión que podemos establecer con los animales es algo especial y de su parte ajena de cualquier mezquindad. Una emotiva historia con ese recuerdo.
ResponderEliminarBesos dulces y dulce fin de semana.
De los sentimientos más puros, Dulce
ResponderEliminarBello fin de semana, besos
Dicen que hay hombres que llegan a conocer el idioma de los pájaros... Parece que esta lo conocía. La pena es que había olvidado la lengua de su esposa...
ResponderEliminarFeliz domingo, amiga
Juan y su mujer también vivían en una jaula (esta de barrotes invisibles). No me gustan las jaulas. Si yo fuera constructor de jaulas, las haría sin techo, para que los pajarillos pudieran escaparse cuando quisieran.
ResponderEliminarBeso, MdeN.
¡¡Hola!! Ya vez, tu protagonista tenía más afinidad con su pájaro que con su propia mujer. Es cierto que hay así muchos matrimonios, pero mientras ellos se entiendan y sean felices con su mundo, todo vale.
ResponderEliminarGracias por la visita a mi blog y por quedarte como seguidora, yo también me quedo en tu rincón. Besitos.
Olá amiga,
ResponderEliminarTexto muito interessante, onde transparece a vontade de alguém, neste caso deste homem, de dar muito mais atenção e afeto ao pássaro, do que à própria mulher.
Gostei de ler.
Deixo os meus votos de uma excelente semana.
Beijinhos!
Mário Margaride
http://poesiaaquiesta.blogspot.com
Conmueve el relato, que por otro lado está lleno de iluminaciones amiga. Y es una gozada de leer. Ademá tienes el don de percibir lo poético (bordea la prosa poética) en lo aparentemente real, algo que se agradece mucho.
ResponderEliminarUn abrazo y mi agradecimiento a tus comentarios.