17 abril 2026

Aceptar la noche



Hace tiempo dejé de usar reloj de pulsera. La única forma de saber la hora es cuando la pantalla del móvil se enciende entre mis manos. Si la precisión deja de importarme, entonces miro al cielo. 

Su bóveda oscura, sembrada de luces brillantes, se vuelve presencia. Mientras la observo, me adentro lentamente en su profundidad; y todo a mi alrededor deja de latir. 

Solo el peso del móvil sostenido por mi mano izquierda me devuelve a la realidad… me recuerda que sigo aquí. 

Y dentro de esa negrura, voy recordando tantas historias compartidas con personas sin rostro, pero con un corazón capaz de atravesar la pantalla y hacerme consciente de su existencia. 

El duelo también aprende a guardar silencio. Ya no hay negación. No hay ira. No quedan lágrimas ni tristeza; solo aceptación. No únicamente de mi parte, también de ellos, los que dan sentido a mi mundo. 

—Ma, de tu puño y letra, hazme un libro con tus recetas… 

Consciente de que el tiempo no se detiene, él, generoso, me responde: 

“No llores por el final; sonríe por lo vivido”. 

Asentí con una sonrisa apenas perceptible. Cerré los ojos para guardar su voz entre mis recuerdos; y al abrirlos, el horizonte, vestido de un dorado brillante, me anunció el nuevo amanecer. 

Sí… estoy en calma.




Mi participación en el tema: Tu ausencia
Lidera, Campirela






2 comentarios:

  1. La historia tiene una quietud difícil de fingir, me atrevo a asegurar que es real. Se siente como alguien que dejó de pelear con el dolor y aprendió a sentarse junto a él pero sin que lo destruya.
    La imagen del móvil como único peso que todavía te recuerda el “aquí” contrasta muy bien con esa inmersión en el cielo y en la memoria. Y luego aparece algo todavía más fuerte: las personas “sin rostro” que, aun así, lograron tocarte de verdad, eso le da a la historia una sensación muy humana de vínculos invisibles, pero reales.
    “— Ma, de tu puño y letra, hazme un libro con tus recetas...”
    Este párrafo cae justo donde debe caer, no necesita explicación o algún tipo de adorno, ahí se concentra la herencia, el amor y también el miedo al tiempo.
    Y el cierre continúa con la armonía porque no intenta dramatizar más de la cuenta.
    El amanecer no borra el duelo; convive con él, por eso “Sí, estoy en calma” se siente ganado, no impuesto.
    Hay además un detalle muy bonito, comienzas mirando hacia arriba, hacia la bóveda oscura, y terminas mirando el horizonte iluminado, pasas de profundidad a claridad, de noche a amanecer.

    Lord Dark

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  2. Gracias por tu presencia; es todo un lujazo leer tus letras. Has hecho no solo una emotiva ausencia, sino toda una reflexión sobre cómo hay que dejar esa tristeza y recordar los buenos momentos vividos.
    Ese mirar al horizonte es la clave de seguir con la vida, pues no hay de otra.
    Preciosa entrada; repito mil gracias por tu estar en esta convocatoria.

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