— Gracias por venir
— ¿Qué necesitas?
— Quería verte, mi güerita
Mi cuerpo se fue hacia atrás antes de que pudiera evitarlo. Qué extraño que una palabra que alguna vez me hizo sentir querida; y a la vez, temerosa, pudiera provocarme ahora esa necesidad de poner distancia.
— ¿Pasa algo?
— Estoy cansado. Muy cansado de vivir
— Necesitas vacaciones
Me miró.
— ¿Con quién?
— Solo. Con amigos, con tu hermano, con alguna de tus mujeres... con quien quieras
Pero no sonrió. Su rostro cambió y entonces supe que el ambiente se pondría aún más tenso.
— ¿Me odias?
— No, no te odio. Pero ¿a qué viene eso?
— Quiero saber. Dime la verdad
Hablar con él, involuntariamente, me lleva al pasado, a esa necedad suya de saber todo, de cuestionar todo, de no creer nada; y aun así, insistir en saberlo todo.
El saber te da poder, decía.
Y sí, era su forma de manipularme, de hacerme sentir mal, de tener que disculparme, no por lo que yo hubiese hecho, sino por sus dudas infundadas, por su malestar que, según él; yo provocaba, por esa necesidad tan suya de anularme, de desaparecerme. Y casi lo consigue.
Hice el intento por levantarme y salir, alejarme de ese hombre que, aun después de tanto, sigue causándome desasosiego.
Me sujetó de la muñeca y me lanzó la pregunta así, al desnudo.
— ¿Tú me inyectas?
Sentí un rechazo inmediato. No solo por lo que acababa de decir, también por la cercanía. Por tenerlo otra vez frente a mí, intentando entrar en un lugar de mi vida que ya no le correspondía.
— ¿Qué?
— Quiero que tú lo hagas
No supe qué pensar.
— Ve al hospital, como has hecho siempre.
— No confío.
— Pues busca a alguien en quien sí confíes.
— Confío en ti.
— No te creo
— Prométemelo. Promete que no te vas a echar para atrás cuando llegue el momento.
Lo miré.
— ¿De qué estás hablando? ¿Qué esperas de mí?
— Me están consiguiendo algo para que me inyectes. Quiero que seas tú
Y entonces agregó:
— Además, hay dinero. Inversiones. Propiedades
Lo observé unos segundos. No sé qué esperaba encontrar en mi cara.
— No, gracias. No todas las personas se mueven por interés
Se quedó callado.
Yo también.
— Ya no quiero vivir. Estoy cansado.
— ¿Inyectarte qué?, ¿hierro?, ¿vitaminas?
Me miró.
Y entendí.
Y ahí, por un instante, todo lo demás dejó de importar.
Cuando pienso que de él ya nada puede sorprenderme, viene y me demuestra que sí, que aún puede; y que me sigue creyendo tan ingenua como para no darme cuenta del trasfondo.
Quería que fuera yo. Que lo ayudara a irse tranquilo, dejándome a mí con la culpa de haberlo hecho.
Porque podía desconfiar de sus intenciones. Podía recordar cada una de las veces que me había hecho daño. Podía incluso pensar que aquello era otra manera de manipularme.
Pero si de verdad quería morir, tampoco podía levantarme y pasarle por encima.
— No voy a ayudarte a morir -le dije-, pero tampoco voy a ignorarlo
— No quiero que llames a nadie
— Yo sí
Sacó una expresión que conocía demasiado bien.
— No.
No respondí, tomé mi teléfono.
No sabía si estaba ante un hombre que realmente quería morir o ante alguien que había encontrado otra manera de ponerme a prueba. Pero ya no me correspondía averiguarlo sola.
Llamé a su hermano y le conté lo que acababa de decirme.
Me sujetó de la muñeca, ahora con más fuerza.
— ¿Desde cuándo tienes el número de mi hermano?, ¿te ves con él?, ¿me estuviste engañando todo el tiempo?, ¡responde! Tú tienes la culpa de que me porte así contigo
Golpeó la mesa con la mano. Su expresión era una que conocía demasiado bien, solo que ahora la veía desde la distancia.
Me quedé allí hasta saber que no estaría solo.
Después me fui.
No me llevé sus promesas, ni su dinero, ni sus propiedades.
Tampoco me llevé su muerte.
Por primera vez, dejé algo que era suyo exactamente donde debía estar: en sus propias manos.
a ese ex debes dejarlo atrás, muy atrás, sin voltear ni querer saber nada más de éñ por tu tranquilidad y salud mental.
ResponderEliminarun abrazo. que tengas un feliz domingo.
Puxa, que forte isso! Triste as manipulações e há de saber delas escapar, fugir pra sempre!
ResponderEliminarNinguém merece um ex ou qualquer outra pessoa assim...
beijos, tudo de bom,chica
Cosas de mi ex, gracias por pasarte. Esa frase tuya, tan escueta, encierra un mundo: todos tenemos historias que vienen de atrás y que a veces vuelven en forma de recuerdo, de aprendizaje o de simple constatación de lo vivido. Lo importante es que cada uno pueda mirar hacia adelante sin quedarse atrapado en lo que ya fue, y que esas experiencias sirvan para entender mejor quiénes somos hoy.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Pero que nefasto manipulador, al principio de lo que escribiste pensé que sólo quería volver con vos. Un deseo entendible, sos especial.
ResponderEliminarPara luego enterarme que fue él quien dudó de vos, lo que me parece muy mal.
Y para terminar con semejante pretensión psicópata, de quererte dejar con una culpa.
Hiciste muy bien, reaccionaste de una forma magistral.
En su reacción se notó violencia.
Me sumo al comentario de Draco, tenés que dejarlo atrás. Muy atrás en tu pasado, estimada amiga.
Besos.
Hay quienes nunca cambian, ni teniendo la soga al cuello, aunque una petición como esa es un acto de egoísmo totalmente,
ResponderEliminarBesos dulces y dulce semana, MdN.
Mucha toxicidad en el ambiente.
ResponderEliminarSalud.
Una toxicidad inaguantable.
ResponderEliminarEgoísmo puro.
Muy bueno.
Besos.
Quando o umbigo é tão grande que cega tudo o resto.
ResponderEliminarEl peligro y la inquietud reinan en cada párrafo... glups...
ResponderEliminarHay una tensión muy bien narrada, esas personas que son como depredadores, que en la superficie parecen en paz, tomando el sol en calma pero, a nada que se produce un movimiento en la superficie saltan y muestran lo que de verdad son..
ResponderEliminarMejor estar lejos, sí, no dejarse atrapar en su nudo de culpabilidades... no merece la pena, nunca merece la pena.
Echarlo de tu vida, sin más.
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