Cuando el aroma del copal se confunde con el de las flores de cempasúchil, las veladoras iluminan los rostros conocidos en antiguas fotografías; y las ofrendas recuperan los sabores de otros tiempos, nuestros difuntos regresan.
No porque hayan vencido las distancias de la eternidad, simplemente, porque nunca han dejado de habitar ese espacio donde la memoria los resguarda del olvido.
Vuelven en un altar preparado con esmero, donde sus platillos y bebidas preferidos aguardan con paciencia, despertando algún recuerdo en los que esperamos con ilusión, una anécdota, un nombre que persiste en la memoria, en un rostro desdibujado por el tiempo, en una voz que se ha perdido.
Vuelven, en esos pequeños detalles que, sin proponérnoslo, nos devuelven fragmentos de una vida compartida.
Esta noche, mientras contemplo las pequeñas llamas que se estremecen sobre el altar, quisiera volver a escuchar tu voz.
Ya no espero que el silencio me responda. Simplemente, me entristece descubrir que el tiempo ha ido borrando su sonido
Sé que alguna vez la escuché; y sin embargo, hoy no consigo reconstruirla.
En cambio, recuerdo tus ojos.
Aquella mirada color miel, tan clara que parecía amarilla, permanece suspendida en algún lugar de mi memoria.
Desconcierta recordar una mirada; y olvidar tu voz, permanecen ciertos gestos mientras otros desaparecen.
Y nos resistimos.
Esta noche... la memoria colectiva se intensifica, buscamos reconstruir conversaciones frente a las fotografías, recordar aromas, preservar lo que queda de ellos, como si pudiéramos detener, por un instante, el avance silencioso del olvido.
Y sin embargo, no todo permanece.
Hay voces que, poco a poco se apagan en nuestra memoria, rostros cuyos rasgos se confunden; y momentos que apenas conseguimos reconstruir.
Tiempo de reconciliación.
Reunidos frente al altar con los que ya no están; y alrededor de lo que fuimos cuando formaban parte de nuestra existencia.
Porque el pasado y el presente convergen en un mismo espacio-tiempo, los recuerdos continúan tendiendo lazos entre quienes permanecemos y quienes ya se han ido.
Allí, donde el tiempo y la ausencia se detienen para volverse abrazo.
Esta semana nos conduce, Nuria, dentro de una atmósfera íntima y profunda.
<<Dejen que el ritmo de la nostalgia y el tic, tac, del reloj guíe sus letras y nos muestre qué se esconde en esa espera o en ese recuerdo>>.
El tema, [como siempre en estás fechas] ya lo tenía preparado para su publicación el día 27 del mes en curso, cuando da inicio la tradición de Día de Muertos con Xolo, el perrito que se honra en los altares tradicionales como símbolo de protección, lealtad y guía espiritual para las almas que regresan de visita; y va de la mano con la dinámica.
Calaverita literaria



Los recuerdos nos acompañan siempre pero màs en estas fechas. Un beso
ResponderEliminarhay mucho de verdad en lo que has escrito.
ResponderEliminarun abrazo.
Vivo más en los recuerdos que en mi realidad.
ResponderEliminarBuenos días. Una reflexión profundamente y emotiva que convierte el recuerdo en un refugio contra el olvido. Me conmueve esa paradoja de conservar una mirada y perder el sonido de una voz, porque demuestra que la memoria guarda sus propios misterios. Entre las velas, los aromas y las fotografías, la ausencia se transforma en una presencia íntima, y el amor encuentra la manera de seguir tendiendo puentes entre quienes se fueron y quienes aún los extrañamos. Una realidad aplastante; el presente y el pasado siempre convergen caminando de la mano.
ResponderEliminarUna hermosa participación la cual agradezco por su contenido ya que a buen seguro muchas nos vemos reflejadas en el. La canción un acierto.
Un abrazo grande
Lindo teu texto, cheio de saudades e vontade de poder nunca esquecer a voz de quem já partiu ! Muito bem escrito!Adorei!
ResponderEliminarbeijos praianos, chica
Sacamos los recuerdos, a veces hasta los mejoramos, nos reunimos con las ausencias y desde entonces cuando brindamos lo hacemos por los presentes y por los ausentes.Y siempre nos podemos acompañar con la música que nos compartes. Un abrazo
ResponderEliminarMuy reflexivo tu texto y con una belleza increíble por el recuerdo aquellos que no están en este plano físico, pero de algún modo siguen con nosotros.
ResponderEliminarUn abrazo y seguid atenta a esa voz que de algún rincón del universo sigue acompañado.
Me encantan estas fechas, aunque yo paseo cada mañana por el cementerio que me pilla de paso en mi ciudad medieval. De todas formas tengo aquí en mi escritorio caótico a mi querida Catrina que me lo recordará. Me la regaló una amiga muy querida de Puebla; Barbra.
ResponderEliminarSalud.
Esto que escribiste es muy adecuado para este jueves.
ResponderEliminarEs importante el tema de la memoria, la memoria colectiva, permanecer en los recuerdos.
Muy emotivo.
Besos, Mujer de Negro.
En estos días nos vienen mas al recuerdo aquellas personas que nos dejaron y en cada lugar lo celebramos de una manera incluso siendo de la misma religión.
ResponderEliminarAquí el día 1 de noviembre los camposantos parecen unos jardines floridos yo soy de los que no las llevan y que digan lo que quieran, ya que opino que las flores en vida y no me refiero a flores físicas. Hay difuntos que reciben mas visitas en el cementerio que en vida.
Saludos.
Yo estoy convencido de que aún convivimos con ellos, pero en distintos planos físicos. Me gusta la forma en cómo se honra a los difuntos en tu país, con respeto y cariño. El recuerdo siempre ha de ser de essa forma y no un recuerdo doloroso. Muy creativa Calaverita, hace unos años alguien muy querida me las descubrió ...
ResponderEliminarBailando estaba La Catrina
con la música de la fiesta
cuando unas risas cantarinas
la perturbaron con molestia.
Atraída por sus regocijos
se acerco a los nopales
sorprendiendo en retorcijos
a la Mujer de Negro y a Dulce, los mortales.
Comiendo dulces de leche y pan de muerto
ambos compartían en el camposanto
la Catrina quiso llevarselos sin cuentos
pero terminó también lo dulce devorando.
Besos dulces y apapachos.
Me despertaste un recuerdo, solía pensarlo y siempre me decían que era porque no me permitieron verlo, que verlos es el cierre.
EliminarGracias, Dulce; ya está agregada tu calaverita.
Mujer de Negro, qué hermoso texto has tejido alrededor de la memoria y de esa tradición que permite reunir, al menos por un instante, a quienes permanecen y a quienes ya partieron. Me ha emocionado especialmente esa reflexión sobre la voz que el tiempo va borrando mientras la mirada sigue intacta en el recuerdo.
ResponderEliminarHay ausencias que no desaparecen porque encuentran refugio en el corazón y en la memoria compartida. Un relato lleno de sensibilidad, nostalgia y ternura.
Un fuerte abrazo.
Sin dudas tu texto es muy adecuado para estas fechas, aunque yo creo que siempre que uno recuerde a quién partió sin importar el día, de alguna manera está acompañándonos, en cada recuerdo de momento compartido, en objetos, en una canción.
ResponderEliminarMe gustó como fuiste contando tu historia y me dejó pensando como se desdibujan rasgos y la voz con el paso del tiempo.
Saludos.
PATRICIA F.