Nací con un cuerpo. Lo demás me lo enseñaron.
No recuerdo cuándo dejaron de preguntarme quién era para empezar a decirme quién debía ser. Solo sé que aprendí a pedir perdón antes de hablar, a sonreír cuando algo me dolía, a bajar la mirada para no incomodar; y hacer pequeños mis sueños para que los de otros ocuparan todo el espacio.
Me enseñaron que una buena mujer cuida, cede y calla. Que amar era renunciar. Que pensar primero en mí era egoísmo. Con el tiempo dejé de discutir, era más fácil desaparecer un poco cada día.
Entonces llegaban los elogios. "Qué buena mujer." "Qué discreta." "Qué afortunado quien se case contigo."
Yo sonreía sin entender que aquellas palabras también podían ser una jaula.
Con los años ya nadie tuvo que decirme cómo debía vivir. La voz que me vigilaba se instaló dentro de mí, me reprendía cuando decía "no", cuando quería más, cuando imaginaba una vida distinta. La obedecí tanto tiempo que terminé confundiéndola con mi propia conciencia.
Y sin darme cuenta, perdí a la niña que fui, la que reía sin pedir permiso, la que corría sin miedo, la que aún no sabía que el mundo esperaba de ella una versión más pequeña de sí misma.
Un día me cansé.
Avancé las páginas sin control; y llegué al final del libro esperando encontrar la última orden.
Lo que vi fue una página en blanco, había caído la venda que cubría mis ojos.
Lloré como quien descubre que ha vivido siguiendo un mapa dibujado por otras manos.
Tomé una pluma.
Escribir la primera palabra, cortita, pero con gran peso, fue el acto más difícil de toda mi existencia, porque significaba traicionar todas las obediencias que me habían enseñado. Pero también fue la primera vez que sentí que respiraba de verdad.
Hoy sigo aprendiendo a ser mujer.
No la que otros imaginaron para mí.
La que, por fin, se atreve a existir.
Citas en el rincón de, Campirela
Me gusta lo que escribiste.
ResponderEliminarHay momentos de rechazar los supuestos elogios, de rebelarse.
Y revelar la verdadera personalidas, defender los propios deseos.
Muy bien elegida la frase.
Besos.
Muchas gracias por este relato tan sincero y de verdad, a veces las enseñanzas de nuestros progenitores o demás personas no son las mejores, nos quitan nuestra esencia propia, hasta que esta por algún motivo un día sale a la luz, y nos damos cuenta de que la vida es nuestra y somos las que debemos decidir cómo vivirla. Nuestro yo más personal, ese nunca nos lo deben robar.
ResponderEliminarMe gustó la frase elegida. Un beso, y muy feliz semana.
Es bueno tomar las riendas de nuestra vida.
ResponderEliminarSalu2.
muchísimas víctimas como tú producen las sociedades conservadoras donde no sólo el patriarcado avala ese estado de cosas, sino también no pocas mujeres que pertenecen a él. menos mal que las cosas están cambiando para mejor.
ResponderEliminarun abrazo, que tengas un feliz día.
Receber lições que não pedimos é irritante.
ResponderEliminarOlá Mulher de preto, hoje diante de tanta violencia contra as mulheres e muitas ceifadas por um machismo idiota, podemos ler este belo texto cheio de verdades horriveis por que passaram muitas mulheres ofuscadas por um machismo arcaico e egoista. Aprender a primeira palavra e saber que nela cabe muito, mas muito mais do que tentaram lhe impor como verdades. É preciso sim, retomar os rumos de uma vida e ser o que se quer, sem as vendas.
ResponderEliminarAplausos pro tão profunda e bela mensagem que seu texto carrega.
Carinhoso abraço na feliz semana.
Un testimonio contundente de lo que puede ser una vida coartada por la represión en todo sentido. Creo que todos aprendemos a ser a lo largo de la vida, por supuesto para algunos los obstaculos son mayores.
ResponderEliminarBesos dulces, MdN.
Una muy buena exposición de lo que esa frase define.
ResponderEliminarBesos.
Hola Mujer de Negro,
ResponderEliminarUn precioso relato, me ha gustado mucho. No estoy de acuerdo con la frase de Simone de Beauvoir y creo que debería transformarse en "No se nace persona, llega una a serlo" y también creo que lo que dices es completamente cierto en más casos de los que pensamos: muchos nacemos con la vida programada y hacemos no lo que queremos sino lo que se espera de nosotros. Y al final, siguiendo tu comparación, nuestra vida resulta ser un libro que no hemos escrito nosotros.
Un saludo
Bellas palabras, que reflejan un ansia real de vivir.
ResponderEliminarPreciosa la cita de Beauvoir
Un saludo, amiga
Llegó el momento de combatir contra ese gran falo que ha ido dibujando la Historia.
ResponderEliminarCreo que el texto puede leerse desde ambos lados. Si bien habla de la experiencia de muchas mujeres, los hombres también crecieron bajo mandatos que les imponían cómo debían ser: fuertes, proveedores, protectores, incapaces de mostrar miedo o vulnerabilidad. No creo que sea una lucha de un sexo contra el otro, sino contra los roles rígidos que durante tanto tiempo limitaron a ambos. Afortunadamente, hoy existe mucha más libertad para decidir quién queremos ser. Cabrónidas.
EliminarPor supuesto. En mi país ahora puedes declararte mujer aunque el escroto te llegue al suelo, sin comprobaciones científicas y psicológicas de por medio.
EliminarNo hay manual de uso para el camino, ni instrucciones que calmen el azar; se aprende a andar errando en el destino y a escribir las reglas al caminar...
ResponderEliminarpuede ser que todo lo que oimos de niños lo juzgamos como cierto y bueno, y ahora ya siendo adultos nos damos cuenta que no era del todo acertado aquello que nos dijeron
ResponderEliminarQue maravilla de texto. Lo más complicado en estos tiempos tan convulsos es ser mujer y tener la libertad de decidir. Una magnífica aportación a la convocatoria. Aplaudo tu hermosa pluma.
ResponderEliminarUn abrazo
Una bonita historia en la que nos narras como debemos ser las personas en general y la mujer en particular. Mientras seguimos es libro somos buenas personas y si nos salimos de guion , entonces eso ya es otra cosa.
ResponderEliminarSaludos.
Damos por sentadas muchas cosas, como vestir, como hablar, lo que se debe sentir o no, lo que se debe amar o no... Pasamos media vida viviendo con esas cosas y la otra media intentando derribarlas para encontrar un camino diferente, no sé si mejor o peor, pero un camino que hayas elegido.
ResponderEliminarLa que sabe también escribir tan bien...
ResponderEliminarAbrazo!!
No se podría decir mas con menos palabras. Pero no conviene bajar la guardia los reaccionarios retrógrados están volviendo. Vuelve la caverna. Que no cercenen lo conseguido.
ResponderEliminarSalud
Excelente tu relato, aún en estos tiempos todavía hay sitios donde se intenta moldear a la mujer para que pueda agradar a otros, pero no puede ser feliz ni agradarse a sí misma. Tu relato es inspirador para aquellas que aún no se animaron a patear el tablero y vivir su propia vida, como bien dices al final, comenzar a escribir esa página en blanco de su puño y letra.
ResponderEliminarRealmente muy buen relato.
Un abrazo.
PATRICIA F.
Creo que nunca dejamos de aprender, seguimos creciendo aún durante la adultez. Un abrazo
ResponderEliminarMujer de Negro, tu relato muestra con mucha fuerza ese proceso silencioso por el que tantas personas pasan: crecer bajo mandatos que parecen elogios pero que, en realidad, van estrechando la vida hasta convertirla en un guion ajeno. Lo cuentas con una honestidad que conmueve: cómo la voz que vigilaba desde fuera terminó instalándose dentro, cómo los sueños se hicieron pequeños para no molestar, cómo la obediencia se confundió con identidad. Y también cómo, un día, aparece esa página en blanco que no ordena nada, que simplemente invita a existir de otra manera. Esa imagen es preciosa y poderosa.
ResponderEliminarMe alegra que hayas escrito esa primera palabra que pesa tanto y que abre un camino propio, sin vendas y sin mapas dibujados por otros.
Un fuerte abrazo, Mujer de Negro.
Son dos yugos, El externo y el interno. Este más difícil de romper que el otro. Sin embargo, el mundo está hecho de personas toas y ajadas que hacen lo posible y lo no posible porque otros se rompan menos. Saludos
ResponderEliminarExcelente testimonio de la mujer que crece y vive coartada de su libertad... hasta que se rebela. Un abrazo.
ResponderEliminarAmiga, boa noite!
ResponderEliminarTemos que aprender até o nosso fim a sermos Mulheres realizadas e felizes.
É um eterno aprendizado.
Tenha dias abençoados!
Beijinhos fraternos
Abrazos, Adel.
ResponderEliminarTe liberaste de un yugo secular.
ResponderEliminarMás vale tarde que nunca.
Que la vida y el futuro te compensen.
Me temo que las dos recibimos la misma educación, esa de la que hay que deseducarse, para serla que tú quieres ser.
ResponderEliminarFantázstico .
Me encantó de principio a fin.
Ese "me cansé" es imprescindible para seguir avanzando, aplicarlo no es fácil pero libera. Gracias por el texto.
ResponderEliminarGostei de ler o teu texto.
ResponderEliminarFranco, directo e repleto de conteúdo que obriga a uma reflexão.
Que possamos, todos, lutar por sermos quem somos, quando ficamos "cansados" do sistema que nos é imposto.
Cumprimentos.
Te leí en silencio, tratando de entender si esa mujer en el balcón, era feliz, incansablemente la mire desde mi balcón...Pensé en ella y para donde miraba...
ResponderEliminarsu mirada vagaba perdida, al parecer preguntándose muchas cosas, abajo, el puerto empezaba a apagarse y esconderse entre escaleras, adoquines y brillos de la lluvia que acababa de caer... el petricor no era tierra, eran adoquines resbalosos esperando ver caer a alguien rodando por las escaleras...
En algún momento se cruzaron nuestras miradas, distantes, lejanas pero podíamos respirar el mismo aire... las farolas destilaban rayos de luz que parecían rebotar en los adoquines... fue un día largo... apenas nos miramos de balcón a balcón, y entro perdiéndose detrás de las cortinas... pero sabía que seguía mirando. Sólo sonreí y largue el pucho al aire dejando una estela de destellantes chispas al rebotar entre las piedras adoquinadas para apagarse al hundirse en los regueros que habían formado las lluvias.
Sé que de alguna manera, ella también lo hacía. los compases de los boleros habaneros se escuchaban de una ventana a otra devolviéndonos la vida y la nostalgia.