Ese día, el aburrimiento en casa era atroz, inconcebible para una niña. Fui a la cocina y tomé de la encimera el encendedor, humedecí un papel y empecé a hacer intentos para quemarlo, en esos momentos escuché los pasos de Madre acercándose, era una mujer de mediana edad, pequeña e intimidante. Escondí en mi diminuta mano mi preciada adquisición y corrí a esconderme.
Pasado el peligro, salí triunfante y me dirigí al patio que dividía la casa de la tienda, había sido día de lavado y me gustaba pasarme el rato allí, rodeada de sábanas ondulantes y el fresco aroma a limpio, a frío, a rosas, el tacto con las sábanas húmedas era electrizante. Madre tenía por costumbre, colgar también los almohadones y vaporizarlos, era una rutina que se repetía dos veces por semana, luego los dejaba allí, al lado de las sábanas.
Madre también había lavado las fundas blancas, con bordado blanco, me parecían duras, insípidas, espantosas, solo trozos de tela rectangulares y con dobladillos minúsculos. Cuando las volvía a colocar en los almohadones, éstos se volvían rígidos, sin vida.
Sin tocarlas, coloqué el encendedor en la punta de una de las fundas y aquello ardió sin control, abrasando sin remedio los blandos almohadones; y las sábanas.
Salí corriendo y tiré una maceta, la tierra se metió dentro de mis zapatos y una huella fiel, minúscula, quedó plasmada, en el trayecto me crucé con mi hermano, Madre era un radar y tan pronto me escondí detrás de él, ella ya estaba con los ojos humeantes, en una de sus manos llevaba lo que quedaba del almohadón.
—¡Fui yo, mami, fui yo...! mi madre reaccionó y se quedó mirándome acusadoramente, luego se dirigió a mi hermano.
—¿Seguro que fuiste tú?
—¡Sí, mami, fui yo!
Le envolvió la cabeza con ambas manos y le dio un beso, conmigo levantó el dedo acusador. Cuando se marchó me preguntó mi hermano,
—¿Qué fue lo que hice?
Con la cabecita baja le dije que había quemado las fundas y de paso los almohadones; y las sábanas
—¡Ah, bueno!, las fundas eran muy feas.
Abrí mi pequeña mano y le extendí el encendedor
—Ten, para que te sea más creíble ...
365 palabras
Esta semana, la dinámica es dirigida por Myriam, con su blog, De amores y relaciones.
El tema: ''Un crimen, tres pistas''
Elegí: Una mujer de mediana edad y su tienda / Una huella / Un almohadón

¡encantador!
ResponderEliminarme hiciste recordar cuando este entonces niño pirata pirómano encendió el ropero de sus padres. casi los dejo sin dormitorio en qué dormir.
creo que por eso sólo tengo tres fotos mías de cuando era niño.
besos.
Lo tomaste a tu manera pero es innegable que hubo un pequeño crimen, También que hay una mujer madura. Que el crimen no lo cometió, el mayordomo ni el conyugue de la madura, ni un, una asistente. Como que hubo una huella.
ResponderEliminarLo inesperado, lo sorprendente que la madre agradeciera la quemadura de almohadas. Y el hermano se lleve ese mérito.
Creativo relato. Besos en cantidad.
Cuántas cosas hemos hecho de pequeños que no salieron como esperábamos.
ResponderEliminarBesos.
¡Me ha encantado! Qué bien has hilado todo y qué texto ha quedado, con la ternura de las mentiras infantiles compartidas y cómplices. Muy bueno!
ResponderEliminarBom dia. Um belo texto. Muito bem escrito. Deixo o meu elogio
ResponderEliminarFeliz fim de semana
No pude aguantarme y vengo en mitad de la noche a leerte o al alba muy albeado, no sé. Luego seguiré durmiendo. Has escrito un relato supertierno con una salida muy creativa y personal que demás cumple con la consigna. Te felicito. Y agradezco que te hayas sumado a mi convocatoria. Ese hermano es un dulce héroe y la niña una dulce traviesa. Besos.
ResponderEliminar*además, digo
ResponderEliminarVaya complicidad entre hermanos.
ResponderEliminar¡Muy logrado!
¡Hola, Mujer de Negro! Un relato muy agradable en el que logras un giro muy tierno, pero que quién sabe si esa niña se va a acostumbrar a hacer lo que quiera sin asumir consecuencias. Protección o sobreprotección, he ahí la cuestión. Estupendo y visual relato. Un abrazo!
ResponderEliminarHay culpable pero el crimen se ha quedado en una trastada, total las fundas eran feas. Cuántas veces mi hermana y yo nos cambiamos las culpas. La mejor amistad es la de los hermanos. Un abrazo
ResponderEliminarLa madre seguro que sabe la verdad, pero les sigue el juego.;)
ResponderEliminarHay travesura en el texto, cosa que no de extrañar y aqui la victima se convierte en algo inanimado , pero lo que más me gusta es esa complicidad de hermanos y la ternura de él.
ResponderEliminarUn besote grande.
Escribes de maravilla, MdN. Un relato tan entrañable como bello y con un final que admiro. Tres personajes para un gran relato.
ResponderEliminarFeliz viernes.
Me has hecho recordar algunas trastadas que hice siendo niño.
ResponderEliminarBesos.
Creativo, original y tierno con sabor a infancia. Menos mal que el hermano, también, estaba de acuerdo en lo feas de las almohadas y te protegió. Aunque las madres se dan cuenta de todo. Y la mirada...
ResponderEliminarAbrazos.
Yo, leyendo entre líneas, veo que Madre odiaba profundamente aquellas fundas tan feas, capaces de apagar la ilusión de una niña. Así que dejó el encendedor bien a la vista, para wue la niña se dejara llevar. Madre podía ser más radar de lo sospechado?
ResponderEliminarEn cualquier caso, dile a la niña que cuide sl hermano.
Besooo
un relato de pura inocencia de travesuras propias de la edad, encantador Un abrazo
ResponderEliminarEn todo crimen hay culpables y gente manipulada, pero mucho mejor que eso es que solo sea una travesura sin grandes consecuencias y que madre no tome represalias. Como siempre un muy buen relato y una canción muy acertada.
ResponderEliminarBesos dulces y dulce fin de semana.
Impecable hasta el punto final.
ResponderEliminarBeso
Sucedió todo lo contrario a lo que solía ocurrir echar la culpa al hermano mayor, en tu caso fue tu hermano quien te cubrió sin saber lo que había ocurrido.
ResponderEliminarSaludos.
Vaya par de hermanos! Trementos y entrañables al mismo tiempo!!! Tu descripción ha hecho que casi me llegue el suave y fresco olor del suavizante de esa colada! Ja, ja! Un abrazote!
ResponderEliminarLa complicidad de los hermanos ;) Me gustó mucho el relato, aunque admito que estaba temiendo un final horrible para alguno de ellos, dada la temática de la convocatoria.
ResponderEliminarUn abrazo, MdN
Me ha gustado , has puesto un poco de alegría en la colada, pero desde luego ha servido para saber que los hermanos jugaban en el mismo equipo.
ResponderEliminarEscribes cada vez mejor, Mujer...
ResponderEliminarAbrazo hasta vos.
Los crímenes pueden ser de muchos tipo, como nos dejas claro y los giros muy buenos. Un abrazo
ResponderEliminarMuchas veces necesitamos que nos ayuden a tomar la decisión que sabemos que debemos tomar y no sabemos cómo hacerlo.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Hola, Mujer de Negro. ¡Menuda es la niña! Pasándole el arma del delito a su hermano para que no queden dudas, jajaja. Me ha gustado mucho la sensibilidad del relato en cuanto a olores y texturas en la parte en que la cria está rodeada de la ropa tendida.
ResponderEliminarUn abrazo.