16 octubre 2026

La geometría de lo ajeno



Llegué a la sala de espera a las 13:45 horas. Varias personas permanecían sentadas alrededor del área de control.

— Señorita, tengo cita con el cardiólogo a las 14:00 horas.

Revisó las distintas agendas, seleccionó una y deslizó el dedo por la lista.

— Tome asiento, por favor. En un momento la llamo para tomar sus signos.

Sonreí y fui a sentarme cerca de la puerta. Dejé un asiento vacío y me acomodé en el de la orilla. Un hombre, sentado al otro lado del asiento vacío, me sonrió. Le devolví una leve sonrisa de cortesía y volví mi atención a un mensaje que me tenía inquieta.

—¿Con cuál médico vienes? —preguntó, sonriendo nuevamente.

Levanté la vista con pereza. Indecisa sobre qué responder, me limité a decirle que siempre olvidaba el nombre del médico y volví a perderme en aquel mensaje, intentaba descifrar la analítica.

Llamó mi atención una mujer que, al parecer, se dirigía hacia mí. Me fijé en su atuendo, sin ser crítica... Quizás lo fui.

Bajé la mirada al móvil y empecé a pensar, con su imagen todavía en la mente.

Llevaba un vestido rígido, de línea recta, por encima de la rodilla, escote cuadrado y muy pronunciado, vintage, estilo wiggle o lápiz.

Se dejó caer de golpe en el asiento vacío. Yo seguía con la vista en el celular, pero alcancé a verla sentarse. El vestido se le subió hasta media pierna, quizás más arriba. Se acomodó inclinando el cuerpo hacia el hombre y dándome la espalda...

¡La esposa!

Escuché mi nombre. Me acerqué a la estación y comenzaron a tomarme los signos, el peso y a hacer algunas anotaciones. Había quedado frente a la pareja.

¡Qué incomodidad!, pensé. Una tela tan rígida que no te permite moverte libremente, que sube y baja a placer, dejando al descubierto gran parte de las piernas y casi medio busto. Y en una mujer de... ¿sesenta?

Observé mi atuendo: vestido de corte imperio, evasé, largo midi, tela spandex y escote discreto.

No, no me gustaría llegar a los sesenta vistiendo así. Ni antes lo toleré.

Salí de consulta. La mujer se interpuso en mi camino.

— ¿Por qué entraste a consulta?

— ¿Disculpe?

— Yo llegué primero. ¿Por qué entraste a consulta?

— ¿A qué hora es su cita, señora?

— 14:20 horas, - me dijo -

— Entonces ya sigue, va después de mí.

— ¡Yo llegué primero!

— No importa. De cualquier manera, su cita es después de la mía.

La mujer seguía discutiendo, pero yo...

Ya me había ido, sin haberme marchado.

Me di la vuelta, agendé cita para enero y salí pensando...

Insisto, quizás el estrés de esa mujer venía de sus prendas, de los stilettos altos o de la coquetería de su marido...


Este relato participa en la dinámica de Tracy: 
Comentar sin juzgar.
La frase elegida: 
Ya me había ido, sin haberme marchado.
Elizabeth Strout






14 comentarios:

  1. Las miradas suelen ser más enjuiciadoras que las palabras muchas veces. Aunque esa mujer me recordó a varias que se ven por allí, pero si se tiene para mostrar, por qué no? a la edad que sea si se hace dignamente.

    Besos dulces y dulce fin de semana, MdN.

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    1. Como te vistas, como lo lleves, como lo portes es cosa tuya, pero no puedo evitar pensar en lo incómodo que son algunas prendas, la rigidez y enclaustro del movimiento de tu cuerpo.
      Besos, Dulce, bonito fin de semana te acompañe.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. "pensamos pero no juzgamos en voz alta", debió ser el título de la propuesta. ¡y vaya con la impertinencia de la señora! no se trata de llegar tarde o temprano al consultorio, sino de respetar la hora de la cita.

    un abrazo. que tengas un buen fin de semana.

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  4. Tu nos pfrendes até o final para imaginar o desfecho. Muito bom e olhares são julgadores em silêncio.... Ficou ótima participação! beijos praianos, chica

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  5. No se puede no juzgar, solo se puede disimular, aunque la mujer entubada no disimuló.
    Abrazooo

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  6. Fantástico! Las consultas de losédicos dan para muchos relatos y el turno de entrada también.y la mejor opción en esos casos , es la que tomó tú protagonista:irse antes de marcharse.
    Me gustó mucho

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  7. Hay quienes discuten sin tener en cuenta los argumentos, razonados, de las respuestas a sus planteas.
    Estaba claro que tenías la razón vos. Era por turno, no por orden de llegada.

    Cumpliste bien con la consigna.
    Muchos besos.

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  8. Bueno aquí nos presentas varias cosas, por una parte la educación de esa señora no es la apropiada independientemente del vestuario que lleve, por otra parte no es elegante juzgar a otra mujer por su edad, y vestuario, las edad es un número y tal vez esa mujer se sienta jovial y le apetezca ir con ropa quizás no la adecuada para su edad, pero ya estamos juzgando
    Del caballero creo que un tanto descarado, por preguntar algo que a él no le importa y bien por la protagonista de ser cortés .
    Un abrazo, feliz finde

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  9. Mujer de Negro, qué placer leer esta reflexión tan humana sobre algo que todos hacemos alguna vez: construir historias sobre quienes apenas conocemos a partir de una primera impresión.
    Me ha parecido muy interesante cómo la narración muestra ese juego entre la observación, los prejuicios y la realidad. Mientras la protagonista analiza a la otra mujer, es precisamente el comportamiento posterior de esta lo que acaba revelando que la verdadera incomodidad no estaba en la ropa ni en la edad, sino en la actitud.
    También me ha gustado mucho la frase elegida. Ese «ya me había ido, sin haberme marchado» refleja a la perfección esos momentos en los que uno comprende que no merece la pena seguir alimentando una discusión estéril y opta por preservar la calma.
    Un relato cotidiano, cercano y muy bien llevado, que invita a reflexionar sobre nuestras propias miradas y juicios.
    Un fuerte abrazo, Mujer de Negro.

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  10. ja.... Pues si que todo es posible.
    Salud.

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  11. Hola Mujer de Neegro,
    Hay gente que resulta tener una mente tan rígida como la ropa que lleva puesta, pero creo que no hay relación. hay veces que ser el primero en esperar no tiene recompensa... hay que entenderlo.
    Un saludo

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  12. Olá, Mulher de Negro!
    Injustiças também me tiram do sério, mas a flexibilidade se alcança com paciência.
    Texto bem construído com uma ótima mensagem reflexiva.
    Tenha um final de semana abençoado
    Beijinhos fraternos

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