Se invocaba.
Café negro.
Potente. Oscuro. Sin azúcar.
Había algo antiguo en la ceremonia. Algo aprendido de manos que ya no estaban, de mañanas remotas en las que el tiempo parecía medirse de otra manera.
El agua comenzaba a caer sobre el café recién molido.
Lentamente.
Una gota.
Otra.
Otra más.
El aroma ascendía primero, profundo y oscuro, extendiéndose por la mesa como un recuerdo.
Nadie hablaba.
El café descendía con paciencia, llenando la taza hasta dejar en ella un pequeño espejo negro.
Entonces, el primer sorbo.
Amargo.
Caliente.
Profundo.
Afuera, la calle seguía su ruido.
Adentro, una hebra de vapor se elevaba de la taza y desaparecía lentamente en la penumbra.
Elegí la mesa junto a la ventana, la misma que suelo ocupar cuando quiero estar sola sin que parezca que quiero estarlo.
Abracé con las manos mi café y me quedé mirando la calle.
En la mesa de enfrente había un hombre.
De cabello entrecano, camisa clara, las manos alrededor de una taza que parecía haber olvidado.
No hacía nada en particular.
Solo miraba.
Tenía una mirada íntima.
Bajé los ojos hacia mi café.
No quería que notara que lo estaba observando.
A mi lado, una muchacha hablaba por teléfono sobre un vestido que había comprado. Detrás de mí, dos hombres discutían de fútbol. Una licuadora comenzó a zumbar detrás de la barra y alguien dejó caer una cuchara.
La vida seguía haciendo sus pequeñas cosas.
Entonces escuché al hombre.
Susurraba, con ese encanto de voz
Una voz grave y profunda, de esas que no necesitan elevarse para hacerse escuchar. Tenía un leve rasgo de ronquera, una aspereza suave entre las palabras, como si cada una hubiese pasado antes por humo y silencio. Y había algo más, un ligero aireado en la voz, casi un susurro escondido dentro de la profundidad, que hacía que escucharla resultara peligrosamente agradable.
No sé si hablaba con alguien.
No había nadie sentado con él, quizás el móvil.
Levanté la mirada.
Él estaba mirando hacia mí.
Sonrió apenas.
Yo hice lo mismo.
Fue un instante.
Nada más.
Salí de la cafetería.
La calle seguía igual.
Los coches pasaban. Alguien hablaba por teléfono. Una mujer se protegía de la lluvia, encogiéndose sobre sí misma, como si pudiera hacerse pequeña bajo el agua.
Todo seguía siendo perfectamente cotidiano.
Seguí caminando bajo la lluvia.
Sin prisa por llegar a casa.
Que linda inspiração com os diálogos e bela descrição do local e pessoas... Não havia pressa mesmo pra chegar em casa.Ali estava ótimo!
ResponderEliminarE assim, duas participações muito bem feitas! beijos ,uma semana bem alegre, chica
Muchísimas gracias por esta entrada llena de vida y de alegría.
ResponderEliminarPorque en realidad una va cogida de la mano de la otra.
Un abrazo, y a seguir viviendo con dosis de alegría.
😘😘😘🦋
Esperando que el hombre saliera tras ella... quizás...
ResponderEliminarMe ha encantado lo de invocar el café, porque algo de adoración hay en ese ritual matutino, ¿verdad?
ResponderEliminarLos encuentros fugaces, esas miradas que parecen encerrar tantas cosas y que nunca terminamos por concretar... ¿o si lo hacemos?
Casualidad, en este momento que te comento tomo un café-
ResponderEliminarNo negro sino con un toque de leche y azúcar.
Me gusta que participés de dos retos con el mismo relato-
Un relato en que describís una ambientación en que la cafetería es un refugio de la lluvia, tal vez refugiod de algo más. Como que es un quiebre momentáneo de lo cotidianto.
Con un esbozo de encuentro entre un hombre y una mujer.
Poético.
Muchos besos.
¡Hola, querida Mujer de Negro! Qué relato tan sensual, atmosférico y magistralmente construido nos brindas hoy.
ResponderEliminarNos sumerges de lleno en un ambiente donde cada detalle cobra una textura inolvidable: desde esa invocación casi ritual del café negro y amargo hasta el murmullo cotidiano de la cafetería que contrasta con la intensidad silenciosa de una mirada. La descripción de esa voz grave, áspera y aireada, cargada de humo y silencio, tiene un magnetismo tan poderoso que casi se puede escuchar resonando en la penumbra.
Ese instante fugaz de complicidad entre la lluvia y el vapor de la taza refleja una sensibilidad poética bellísima sobre los encuentros breves que, sin alterar el ritmo del mundo, se quedan flotando en la memoria como una hebra de vapor.
Muchísimas gracias por regalarnos esta maravillosa lectura tan evocadora, íntima y llena de encanto.
¡Un abrazo fortísimo y un inicio de semana estupendo!
Tantos detalles bajo una mirada, tantos como se pueden apreciar en la vida de cada cual y muchas veces no apreciamos esos detalles a nuestro alrededor. Un cálido relato con aroma a café.
ResponderEliminarBesos dulces y dulce semana, MdN.
A veces lo mas simple e impensado puede encendernos una mueca alegre.
ResponderEliminarSalud.-
Se trasparentan tus preferencias. Lo de la mujer de negro es por amante del café. El amor muere cuando se conecta la licuadora.
ResponderEliminarAbrazooo
Olá, boa tarde.
ResponderEliminarPasso para te le e dizer que gostei muito do teu texto que encanta pela forma como está estruturado e pela elaboração cuidada que sente.
Muito bom.
Un instante, un pasar por la vida sin recuerdo.
ResponderEliminarPara que apurarse a vivir?
Un café para Gustab.
ResponderEliminarBoa noite Mulher de Negro!
ResponderEliminarGostei muito do conto participativo.
Deixou o gosto além do café bem coado...
Passou emoção na escrita. Gostei muito.
Tenha dias abençoados!
Beijinhos fraternos
Olá Mulher de Preto que diante de um café preto poetizou todos os movimentos à sua volta e ao alcance dos olhos com descrições maravilhosas. O olhar para o café desde sua feitura até escorrer para dentro da xicara, ficou numa elegancia poetica que faz aplaudir. E assim numa rua que passa seus seres, o riso vem como ornamento da vida que vai deslizando pelo dia.
ResponderEliminarMuito bem inspirada.
Meu abraço com carinho e feliz semana.
Un hombre que cautivaría con su sonrisa... perdido tras la taza de café.
ResponderEliminarhasta la siguiente cita tácita en la misma cafetería con un café de por medio. allí quizás de la sonrisa mutua se pase a la cercanía, a una conversación interesante y a un futuro promisorio.
ResponderEliminarun abrazo.
Por la mañana temprano, tomo mi café cortado. Minutos después llega la magia de sus efectos mientras paseo por la ciudad y un sentimiento sano, me invade...
ResponderEliminarUn saludo de Buscador
Hola Mujer de Nergro,
ResponderEliminarMe ha gustado mucho esta historia en la casi sientes el aroma y el sabor del café y el ambiente de la cafería. La alegría en el relato está sutilmente oculta y es breve, yo la interpreto en ese momento que él sonríe y la narradora hace igual. Tras ello todo vuelve a su cauce.
Un saludo.
Has descrito la escena en la cafetería con una delicadeza y un mimo exquisitos. Curiosamente a mí más que alegría me ha suscitado nostalgia y también calma.
ResponderEliminarNo obstante, tu relato es realmente precioso: tiene descripciones que te llevan no solo a ver lo que sucede, sino a sentir todo al completo. Y hay frases y metádoras y expresiones en él memorables, como por ejemplo: "espejo negro"; "hebra de vapor"; "Tenía un leve rasgo de ronquera, una aspereza suave entre las palabras, como si cada una hubiese pasado antes por humo y silencio."
Un gustazo y un privilegio leerte. De verdad que escribes de maravilla, no dejes nunca de escribir.
Es fascinante y envolvente. Se lee sin apenas respirar, y te mantiene en vilo degustando cada detalle tan bellamente narrado.
ResponderEliminarEs una verdadera maravilla, preciosa amiga.
Gracias por participar.
Un abrazo grande 🤗🪻💙
Me gusta esa observación que vas haciendo con todo, de principio a fin, y me mantienes en espectativa. He olido hasta el café.
ResponderEliminarLa verdad es que me he quedado con ganas de seguir leyendo más, ese final necesita una segunda parte. ¿Continuarás?
Muy buena tu aportación para los dos retos, querida Mujer de negro.
Un beso enorme.
Adoro ese momento de tomar café sola, observando entre sorbos... es una delicia este post y la elegancia de su presentación. Felicidades
ResponderEliminarEl cafecito de la maña, ciertamente es importante, mientras no haga alucinar, siempre me trae recuerdo y algunos alegres esa ceremonia de tomar esa primera bebida del dia
ResponderEliminarEs un maravilloso relato.
ResponderEliminarMe ha encantado lo que dices que en ese lugar el café no se prepara, se invoca y luego lo vas describiendo de forma que te hace desear un café y estar en esa cafetería.
Magnífica la descripción del ventanal que eligió la protagonista para sentarse "para estar sola , sin que parezca que quiero estarlo"
Has presentado una galería de personajes que hacen de la mañana de tu protagonista sea distinta, alegre e interesante, llevando ella el timón para dirigirla.
Me gustó mucho.
Me ha gustado, al igual que otras entradas se espera una segunda parte.
ResponderEliminarSaludos
Un retrato se lo cotidiano que no necesita griterío ni ofuscación, solo pausa, reflexión y una sonrisa para sobrellevar lo que podría ser un peso. Un abrazo
ResponderEliminarEl café, la lluvia... Me encantó tu aporte, ahora veré el café con otra mirada. Abrazos
ResponderEliminarMe ha gustado la atmósfera íntima y melancólica que transmite el relato. El café, la lluvia y ese desconocido se convierten en pequeños detalles capaces de despertar sensaciones y recuerdos sin necesidad de explicar demasiado. Es bonito ese encuentro fugaz, casi imperceptible, que deja una huella sin que ocurra nada extraordinario. Una historia sencilla, elegante y llena de silencios que dicen mucho. Excelente participación.
ResponderEliminarUn abrazo